Cultura

Lana Corujo y ‘Han cantado bingo’: la nueva voz canaria que reescribe el mapa literario español desde Lanzarote

La carrera editorial de la novela ‘Han cantado bingo’ de la escritora y artista visual Lana Corujo (Lanzarote, 1995) no ha seguido el recorrido habitual del sistema literario español. En una industria tradicionalmente centralizada en Madrid y Barcelona, la obra de una autora que vive rodeada de volcanes negros en una isla del Atlántico ha logrado perforar el epicentro editorial hasta consolidarse como uno de los fenómenos literarios más comentados de la temporada.

Según datos recogidos por el diario El Mundo, la novela, editada por Reservoir Books (sello del grupo Penguin Random House), alcanzó en diciembre de 2025 su undécima edición con aproximadamente 20.000 ejemplares comercializados. Los números de venta, sin embargo, constituyen apenas la superficie de un fenómeno cuya relevancia reside en la propuesta misma: una narración estructurada en quince capítulos que replican los quince números de un cartón de bingo y en la que cada capítulo abre con la edad de la protagonista, que oscila entre la niñez y los 64 años. La estructura fragmentaria, lejos de ser un recurso ornamental, responde según Corujo a una epistemología personal: ‘Me gusta la fragmentación porque también vengo de un territorio fragmentado’, declaró la autora en entrevista con Clarín, realizada por videollamada desde Lanzarote.

La trama se desarrolla en un paisaje volcánico que no funciona como mero marco escenográfico, sino como agente narrativo de pleno derecho. La novela se inicia con un ritual siniestro: dos hermanas de 10 y 12 años, en los diez minutos en que su abuela permanece en el bingo, se escabullen por la puerta trasera de la casa para caminar hasta el volcán El Ahorcado, contar hasta tres y regresar corriendo sin volver la vista atrás. Ese juegó que ellas mismas consideran su favorito en medio de una niñez marcada por la soledad y un entorno adulto frágil, se convierte en punto de inflexión cuando una noche ‘algo cambia’, como sintetiza la sinopsis oficial de la editorial.

La obra transita una fina línea entre lo gótico y lo realista. En apariencia, todos los elementos clásicos del terror están presentes: un juego angustioso repetido cada noche como un ritual, muertos que no terminan de irse, silencios que enloquecen el entorno, un paisaje hipnótico y temible, y adultos con severas dificultades para ejercer el cuidado de las dos menores. No obstante, Corujo consigue encauzar esos materiales hacia una historia que la crítica especializada ha calificado de ‘desconcertantemente luminosa’, capaz de conjugar tristeza y esperanza en una misma secuencia narrativa.

La propia autora matiza la lectura gótica de su obra. En declaraciones recogidas por el portal Resistencia Cultural, Corujo señaló que los números que encabezan cada capítulo indican la edad de la voz protagonista, un detalle que varios lectores desestimaron en el primer acercamiento al texto. También aclaró que el término ‘realismo mágico’ no constituye la etiqueta desde la que parte conscientemente para escribir. Su formación como ilustradora, asegura, la predispone a señalar aquello que existe en lo escondido y que habilita lo fantástico dentro de un marco cotidiano.

El fenómeno de ‘Han cantado bingo’ no puede entenderse sin el contexto de transformación del sistema editorial español que protagonizan autoras periféricas en la última década. La pionera en este desplazamiento de fronteras fue Andrea Abreu (Tenerife, 1995), cuya novela ‘Panza de burro’ (Barrett, 2020) irrumpió con más de 20.000 ejemplares vendidos, once ediciones y traducciones a dieciocho lenguas, incluyendo la versión inglesa ‘Dogs of Summer’. La obra de Abreu, ambientada en el norte de Tenerife y escrita con el dialecto canario, desmontó por primera vez la imagen turística y edulcorada de las islas, revelando una ‘cara B’ de miseria, precariedad y ruralidad que el relato hegemónico había omitido durante décadas.

Corujo reconoce explícitamente esa deuda. ‘Yo siempre me voy a considerar una persona que viene sobre un camino que otras han hecho primero. Hay que mencionar a Andrea Abreu, que con Panza de burro fue quizás la pionera en romper esa barrera desde las Islas Canarias’, afirmó en la entrevista con Clarín. La secuencia generacional es perceptible: ambas autoras nacieron en 1995, ambas dejaron sus islas para formarse en Madrid y ambas regresaron o renegociaron su relación con el territorio de origen. En el caso de Corujo, el retorno se produjo en 2021, impulsado por el contexto pandémico, tras una etapa de trabajo precario en agencias publicitarias de Madrid.

La dimensión geopolítica del fenómeno no es menor. Un informe del Gobierno de Canarias titulado ‘De alisios y volcanes: las nuevas voces atlánticas del siglo XXI’ (2025) documenta la emergencia de una generación de escritores que reivindican el archipiélago como centro, no como periferia cultural. La reflexión de Corujo sintetiza esa postura: ‘A pesar de que una historia se esté dando en un lugar, en lo local también puede ser universal, porque hay seres universales aquí’. La declaración inscribe la obra en una corriente más amplia de descentralización del canon literario hispánico, donde lo insular deja de ser exotismo para convertirse en paradigma epistémico.

En términos industriales, el recorrido de ‘Han cantado bingo’ también evidencia cambios en los mecanismos de visibilización. La novela relevó en redes sociales con el impulso de lectores que viralizaron pasajes del texto, un patrón de difusión que ya había probado eficacia con otras debutantes del sello Reservoir Books. La editorial, perteneciente al grupo Penguin Random House, ha destinado al título un tratamiento de prioridad comercial, con presencia en ferias del libro insulares y metropolitanas, como la Feria Insular del Libro de Lanzarote celebrada en mayo de 2025 en San Bartolomé, donde la autora presentó su obra ante un público local que la siguió desde sus primeras publicaciones como editora independiente.

La trayectoria de Corujo en el circuito editorial alternativo resulta clave para dimensionar su salto a una gran editorial. Antes de ‘Han cantado bingo’, la autora había publicado el poemario ‘Ropavieja’ (editorial Dieciséis, 2021) y ‘Nueve dos ocho’ (Fundación Mapfre Guanarteme, 2022), además de haber fundado la editorial independiente ‘La Carmensita’ dedicada a literatura escrita por mujeres, y de impulsar el Encuentro de Literatura Verbena, que acumula tres ediciones en Lanzarote. El tránsito desde el circuito autogestionado al mainstream reproduce, en escala individual, la dinámica de legitimación que atraviesan las letras canarias contemporáneas: primero la reivindicación local, luego la sanción del mercado.

Las implicancias sociales de ‘Han cantado bingo’ se proyectan en dos direcciones. Por una parte, el texto interroga la relación contemporánea con la muerte y el duelo, tematizando la persistencia de los muertos como dimensión ineludible de la existencia: la protagonista y su hermana poseen la capacidad heredada de ver y hablar con los difuntos, un ‘don’ que funciona como metáfora de la transmisión intergeneracional del trauma. Por otra, la obra problematiza la infancia precaria y las violencias silenciosas que operan en espacios familiares aparentemente normalizados: los padres separados que dividen la casa con un panel de pladur, las verbenas violentas del pueblo, la culpa que se enreda con el enfado y la tristeza.

En declaraciones a El Mundo, Corujo resumió esa intención política del texto: ‘Siempre miramos la cara A de Canarias, el sol y la playa, el territorio y el patrimonio noble. Luego está la cara B, la desigualdad, la violencia, el espacio natural acosado. Me interesaba mucho coger esos paisajes y darles la vuelta para explorar las violencias que existen, lamentablemente, y alejarnos de la imagen romantizada de Canarias’. La observación traza un puente con el proyecto de realismo crítico que anticipó Abreu y que ahora encuentra en Corujo una segunda generación dispuesta a sostener la mirada sobre el territorio desde una perspectiva desmitificadora.

La recepción del público, medida en plataformas de lectura social, muestra una valoración mayoritaria de 39.952 calificaciones en Goodreads con una nota media elevada. Las reseñas destacan la capacidad del texto para ‘poner la piel de gallina’ y para sostener una atmósfera de ‘hormigueo estomacal’ que no decae a lo largo de sus 192 páginas. La brevedad del volumen, un rasgo que algunos críticos podrían interpretar como limitación, opera en realidad como condición de la intensidad del texto: cada página está cargada de densidad lírica y de avance narrativo, sin tiempos muertos ni digresiones autorales.

La conclusión informativa de este análisis indica que ‘Han cantado bingo’ constituye un punto de inflexión en la narrativa española contemporánea por tres razones objetivas: la primera, su capacidad de articular una estética localmente anclada (el volcán El Ahorcado, el picón, las verbenas) sin renunciar a la universalidad de sus temas; la segunda, el patrón de éxito comercial de una autora periférica que accede a la centralidad del sistema editorial sin modificar su lenguaje ni su cosmovisión; y la tercera, la consolidación de una genealogía femenina insular que va de Andrea Abreu a Lana Corujo, pasando por las voces recogidas en la antología gubernamental ‘De alisios y volcanes’. El fenómeno editorial, en cualquier caso, permanece en evaluación: los 20.000 ejemplares vendidos representan cifras de superventas en el mercado español actual, pero la sostenibilidad a largo plazo de esa corriente dependerá de la consolidación de una red de infraestructuras culturales insulares que trascienda la excepcionalidad individual de cada publicación.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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