Cultura

Richard Ford, a los 82 años, revisa medio siglo de oficio literario y se pregunta si alguna vez fue un novelista político

A sus 82 años, Richard Ford sigue siendo una figura imponente del panorama literario estadounidense. De ojos celestes y pómulos tallados, con la cara limpia y el pelo canoso plateado, el escritor nacido en Jackson, Mississippi, en 1944 ha decidido hacer un alto en su trayecto para someterse a un examen introspectivo. El resultado es En palabras sencillas, un ensayo conciso publicado por la editorial Feltrinelli con traducción de Damià Alou, que inaugura una nueva serie editorial denominada Feltrinelli Lectures, dedicada a reunir a grandes autores contemporáneos para reflexionar sobre las cuestiones centrales del presente.

\n\nEl volumen, que consta de aproximadamente 124 páginas, parte de un interrogante que Ford confiesa haber rumiado durante décadas: ¿puede considerarse a sí mismo un novelista político? La pregunta no es menor para quien ha sido señalado por gran parte de la crítica especializada mundial como el mayor narrador estadounidense vivo, uno de los nombres que integra la constelación de escritores que disputan el concepto de la ‘Gran novela americana’, ese término que designa a una obra canónica capaz de encarnar y examinar la esencia y el carácter de los Estados Unidos.

\n\nPara encuadrar su reflexión, Ford abre el ensayo con una cita de Stendhal, considerado padre de la novela moderna: ‘La política en medio de una obra literaria es como un pistoletazo en medio de un concierto, una zafiedad a la que, sin embargo, no se le puede negar atención’. A partir de esa declaración, el autor emprende un autoanálisis sincero, íntimo y lúcido de su medio siglo de ejercicio literario, un recorrido que lo lleva desde sus orígenes más humildes y conflictivos hasta la cumbre del reconocimiento internacional.

\n\nFord creció en el Mississippi de los años cincuenta y sesenta, un territorio donde la cuestión racial seguía instalada con fuerza en la vida pública. Su padre vivió enfermo y murió cuando su único hijo tenía 16 años. Su madre trabajó de lo que podía y ambos terminaron en la casa de los abuelos en Arkansas, del otro lado del río Mississippi. Fue un chico rebelde que peleaba, robaba coches y participaba en carreras ilegales. También trabajó como fogonero en el Ferrocarril Missouri Pacífico en Little Rock y, en ese contexto de dureza y marginalidad, descubrió que tenía gran éxito con las mujeres.

\n\nEl contexto geográfico y cultural de su infancia es determinante para entender su obra. Creció a la orilla simbólica de William Faulkner, Eudora Welty y Carson McCullers, tres pilares de la literatura surista estadounidense. Hasta los 18 años no había leído mucho. No era un buen estudiante y cuando descubrió que era disléxico decidió tomar las riendas del asunto para revertir la adversidad. Suele afirmar que esa condición lo obliga a leer y a escribir con más atención, pensando en cada palabra, en cada idea y en sus significados. Más tarde ingresó en la Universidad de Michigan para estudiar administración hotelera, el negocio familiar, pero solo duró un año antes de cambiarse a Literatura. Allí conoció a Kristina Hensley, su gran amor, con quien se casó en 1968.

\n\nEl recorrido político de su obra es uno de los ejes centrales del ensayo. Ford reconoce que en sus años de escritor aspirante no veía utilidad novelesca en una vida política que percibía como pérfida y engañosa. Prefería concentrarse en las relaciones humanas íntimas. Sin embargo, llegó un momento en el que advirtió que el clima de su país se filtraba en sus tramas y otorgaba a sus personajes una dimensión distinta. En ese proceso, su personaje Frank Bascombe aparece como la clave que le permitió entender al protagonista de ficción como testigo de su tiempo y de su lugar. Ford tardó años en reconocer el significado político de lecturas que ya tenía delante, como ¡Absalón, Absalón! de Faulkner o Huéspedes de la nación de Frank O’Connor. Lo que en un principio veía como materia puramente inventada acabó revelándose como una forma de conectar historia, violencia y vida individual. ‘Al final, siempre van de la mano, aunque no te des cuenta’, sostiene.

\n\nLa trayectoria de Ford en la ficción ha estado indisolublemente ligada a Bascombe, el antihéroe que protagonizó la serie compuesta por El periodista deportivo (1986), El día de la Independencia (1995), Acción de Gracias (2006), Francamente, Frank (2014) y Sé mía (2024), la novela con la que Ford ha decidido cerrar definitivamente el ciclo. El día de la Independencia se convirtió en un hito absoluto al ser la primera novela en la historia en ganar simultáneamente el Premio PEN/Faulkner y el Premio Pulitzer de Ficción en 1996. A esos galardones se sumaron el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2016, el Prix Femina étranger por Canadá en 2013 y el Park Kyong-ni Prize de Corea del Sur en 2018.

\n\nEn paralelo a su trabajo novelístico, Ford ha cultivado el género memorialístico. En 1988 publicó Mi madre, donde toma esa figura como punto de partida para reconstruir una novela familiar sobre sus orígenes. En 2012 salió Flores en las grietas, un volumen que reúne ensayos y memorias con textos íntimos y otros sobre el oficio. En 2017 llegó Entre ellos, que amplía sus evocaciones familiares y registra también el lado adverso y personal de Estados Unidos en el siglo XX. En palabras sencillas recupera todo ese bagaje desde un lugar nuevo que a la vez es el mismo: un ensayo conciso, concreto y accesible —como promete el título—, sostenido por la originalidad de su punto de vista y la nitidez de su prosa.

\n\nEl autor tampoco ha renunciado a los proyectos futuros. Recientemente, durante la presentación de En palabras sencillas en Barcelona, anunció que está trabajando en una novela breve sobre la eutanasia asistida en tono humorístico, inspirada en la experiencia real de un amigo. El título provisional es Never Better (‘mejor que nunca’), y Ford la describe como una novela cómica académica de no más de 180 páginas. Consultada sobre si esta nueva obra tendrá la dimensión política que ahora reconoce en su trayectoria, el autor precisó que no se considera un pensador político, pero sí ‘un buen observador de lo que hace la gente’, por lo que esa dimensión estará presente.

\n\nLo que el ensayo deja en evidencia es una tesis que trasciende la anécdota personal: la literatura es aquel medio que acompaña la vida emocional y que permite asumir una nueva conciencia sobre la realidad. Ford sostiene que la política flota a través de la vida cotidiana y que la mayoría de las novelas tienen, de alguna manera, una dimensión política, aunque el autor no la haya buscado deliberadamente. La serie Feltrinelli Lectures, que continuará con ensayos de la polaca Olga Tokarczuk y el noruego Karl Ove Knausgaard, queda inaugurada con una reflexión que no solo documenta medio siglo de oficio literario, sino que propone una lectura renovada de los vínculos entre ética, estética y esfera pública. Richard Ford, el chico rebelde de Jackson que rozó la delincuencia juvenil y encontró en las palabras una salida, ofrece así un testamento intelectual que ilumina tanto su propia obra como el papel de la ficción en un tiempo de convulsión política global.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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