Cultura

Marta Minujín, reconocida como Personalidad Emérita de la Cultura: el homenaje a una trayectoria de más de seis décadas en el Palacio Libertad

El jueves 13 de agosto de 2026, la Cúpula del Palacio Libertad de Buenos Aires se convirtió en el escenario de un reconocimiento que la historia cultural argentina tardó décadas en formalizar. Marta Minujín, la artista nacida en el barrio de San Telmo el 30 de enero de 1943, recibió la distinción de Personalidad Emérita de la Cultura de la Nación, el máximo galardón que otorga la Secretaría de Cultura a figuras cuya contribución al patrimonio cultural del país resulta excepcional. La placa entregada por el secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, lleva un texto cuyo contenido sintetiza el sentido del acto: «por su destacada labor y su gran aporte a la cultura de nuestro país».

La ceremonia, breve pero cargada de afecto, reunió a un espectro notable de la escena artística nacional. Estuvieron presentes galeristas, curadores y artistas, con la artista plástica Chola Poblete en primera fila. La familia de Minujín acompañó el momento: Facundo, Estanislao y Salvador, junto a Gala Gómez Minujín; María Luisa Minujín; la presidenta de la Fundación arteba, Larisa Andreani; Orly Benzacar y Mora Bacal de Galería Benzacar; la crítica Ana María Battistozzi; el rector emérito de la Untref, Aníbal Jozami, y la vicerrectora Diana Wechsler; el director del Museo Nacional de Bellas Artes, Andrés Duprat; la curadora Florencia Malbrán; la actriz Nacha Guevara; Teresa Bulgheroni; la representante de Christie’s, Cristina Carlisle; la gestora y abogada Cecilia Pochat; y el presidente del Fondo Nacional de las Artes, Tulio Andreussi, entre muchos otros. La confluencia de instituciones públicas y privadas, de galerías comerciales y museos, de crítica especializada y gestión cultural, dibujó un mapa completo del ecosistema del arte argentino contemporáneo.

La vida y la obra de Minujín constituyen un capítulo central de la historia del arte latinoamericano del siglo XX. Formada en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y en la Escuela Nacional Prilidiano Pueyrredón, obtuvo en 1961 una beca del Fondo Nacional de las Artes que la llevó a París, donde entró en contacto con los nuevos realismos y con figuras como Niki de Saint Phalle, Jean Tinguely, Christo y Robert Rauschenberg. En 1963 realizó La Destrucción, uno de los primeros grandes happenings de su carrera, en el que convocó a otros artistas a intervenir y destruir sus obras con fuego y hachas, en una operación estética que muchos críticos leyeron como un paralelismo con la represión y la censura que atravesaba la Argentina bajo regímenes autoritarios.

En 1965, junto a Rubén Santantonín, presentó en el Instituto Torcuato Di Tella La Menesunda, una instalación-laberinto de once espacios que invitaba al público a recorrer un circuito sensorial completo —táctil, olfativo, visual y sonoro—, anticipando en décadas las experiencias de inmersión que hoy dominan el arte contemporáneo global. La obra, cuya reconstrucción fue presentada en 2019 en el New Museum de Nueva York como «La Menesunda Reloaded», sigue siendo referida por la crítica internacional como uno de los primeros grandes entornos habitables creados por un artista en el mundo. En 1967, con la Beca Guggenheim, se instaló en Nueva York, donde se vinculó directamente con el pop art estadounidense y con figuras como Andy Warhol, integrando el circuito de la vanguardia.

De regreso en la Argentina, Minujín desarrolló una serie de obras monumentales y efímeras de participación masiva que redefinieron la relación entre arte y espacio público. El Obelisco de pan dulce (1979), una réplica a escala del emblema porteño realizada enteramente con el tradicional dulce navideño, fue repartida y comida por el público en plena Avenida 9 de Julio. En 1983, en la intersección de esa misma avenida con la calle Suipacha —en el día mismo en que Raúl Alfonsín era trasladado para asumir la presidencia tras la recuperación democrática—, erigió El Partenón de libros, una réplica del templo griego construida con miles de ejemplares prohibidos por la última dictadura militar. La versión posterior de la obra, presentada en 2017 en la documenta 14 de Kassel, Alemania, sobre el mismo sitio donde los nazis habían quemado libros en 1933, amplió la escala del proyecto a una dimensión internacional y fue acompañada por un relevamiento global de libros censurados elaborado con estudiantes de la Universidad de Kassel.

La carrera de Minujín acumula reconocimientos que trascienden fronteras: el Premio Nacional del Instituto Torcuato Di Tella en 1964, los Premios Konex de Platino en 1982 y 2002, el Konex de Brillante en 2022, el Premio Velázquez de Artes Plásticas en 2016, el Lorenzo el Magnífico en 2015 y la Excelencia en el Arte del Museo del Barrio en 2018. Su obra forma parte de las colecciones del Museum of Modern Art de Nueva York, el Guggenheim, el Centre Pompidou de París, la Tate Modern de Londres y el Haus der Kunst de Múnich, entre otras instituciones. El MoMA le dedicó una sala propia con motivo de la exhibición de sus obras, un hecho reservado a muy pocos artistas vivos.

Durante el acto, Minujín, que eligió para la ocasión la sobriedad del blanco y negro —en contraste con el cromatismo estridente que históricamente la caracterizó—, rememoró momentos de su trayectoria, incluyendo anécdotas como la del happening que organizó en el MoMA a la muerte de Picasso, con todos los invitados pintados con obras del artista fallecido mientras Dalí celebraba en paralelo. También anticipó que el cineasta Armando Bo le propuso realizar un documental sobre su vida y su obra para la plataforma Netflix, proyecto que la vincularía con una audiencia global masiva en un formato análogo al que la plataforma dedicó a la figura de Moria Casán.

La distinción otorgada por el Gobierno Nacional posiciona a Minujín en un linaje de referentes fundamentales de la cultura argentina que ya incluye a Mirtha Legrand, Luis Brandoni, Lalo Schifrin, Alejandro Lerner, Aldo Sessa, Mauricio Wainrot, Eduardo Costantini, Moria Casán, Lía Jelín, Valeria Lynch y Mario Benzecry. La ceremonia, celebrada en el mismo mes en que el Palacio Libertad también fue sede del Premio Federal de Pintura «Fundación María Calderón de la Barca» 2026, confirmó al recinto como un espacio central de la institucionalidad cultural del país.

A sus 83 años, Minujín continúa produciendo arte y pensando el futuro. La reciente distinción no constituye un punto de llegada sino un hito más en una trayectoria que se mantiene extraordinariamente activa: en 2021 realizó en Inglaterra un Big Ben acostado construido con libros políticos, y durante las vacaciones de invierno de 2024 y 2025 presentó en el mismo Palacio Libertad instalaciones inflables monumentales —»La escultura de los sueños» y «Golosina emocional»— que recibieron a miles de visitantes. Como señaló el propio Cifelli en su alocución, «mientras nosotros pensamos en todo lo que hizo, ella seguramente ya está imaginando qué puede hacer mañana». La obra de Marta Minujín, caracterizada por la efimeridad, la participación masiva y la constante relectura de los mitos culturales, demuestra que la vanguardia no conoce edad ni fronteras, y que el reconocimiento institucional, cuando llega, lo hace con la precisión de quien supo esperar el momento exacto para celebrar a una de las artistas más influyentes que ha dado la Argentina.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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