La reflexión sobre la elegancia ha ocupado tradicionalmente los territorios de la moda, el estilo y la apariencia. Sin embargo, la escritora y periodista catalana Milena Busquets (Barcelona, 1972) ha emprendido en su más reciente obra, ‘Mujeres elegantes’, publicada por el sello Lumen en 2024, una operación intelectual de signo opuesto: despojar al concepto de su carga superficial y reubicarlo en el campo de la conducta, los gestos y las actitudes vitales. La generosidad, cierto tipo de humor, la sobriedad, la lectura y el amor resultan, para la autora, formas genuinas de elegancia, mientras que los lujos que ella reivindica no se encuentran en la posesión de bienes materiales de alta gama, sino en tesoros tan inmateriales como el tiempo, el espacio y el silencio.
\n\nLa publicación de ‘Mujeres elegantes’ se inscribe en una trayectoria editorial que alcanzó proyección internacional con la novela autoficcional ‘También esto pasará’ (2015), traducida a más de veinte idiomas y adquirida en la Feria de Fráncfort por sellos de prestigio como Éditions Gallimard, Suhrkamp, Rizzoli y Harvill Secker. Antes de ese fenómeno editorial, Busquets había publicado ‘Hoy he dejado la fábrica’ (2006, luego reeditada como ‘Hoy he conocido a alguien’ en 2008), una primera obra que pasó prácticamente desapercibida, para después consolidar un corpus que incluye ‘Hombres elegantes’ (2020), ‘Gema’ (2021), ‘Las palabras justas’ (2022), ‘Ensayo general’ (2024) y la reciente ‘Mujeres elegantes’ (2024), seguida de ‘La dulce existencia’ (2025). Representada por la agencia internacional Pontas, desde 2016 colabora además con El Periódico de Catalunya.
\n\nLa figura de Busquets resulta indisoluble de su contexto familiar y editorial. Hija de Esther Tusquets, la legendaria editora que dirigió Lumen durante cuatro décadas, y del economista Esteban Busquets, la escritora creció en el seno de una de las sagas editoriales más influyentes de la literatura en lengua española. Su infancia transcurrió entre libros y conversaciones literarias, en un entorno habitado por figuras de la talla de Ana María Matute, Umberto Eco y Carmen Balcells, todos ellos frecuentadores de la casa familiar. Su tío, el arquitecto Óscar Tusquets, fue cofundador de Tusquets Editores junto con Beatriz de Moura, otro sello fundamental en la historia editorial ibérica. Esta genealogía, sin embargo, no imprime a su escritura ni un ápice de solemnidad o grandilocuencia. Cuando se le pregunta por el peso de tales antecedentes, Busquets responde con una lucidez que resulta característica: ‘Cuando empiezas a escribir, el juicio y la valoración de los demás puede parecerte grave o angustiante, pero poco a poco te deja de importar. Vas concentrándote en lo tuyo, y lo tuyo es escribir. Todo lo demás no depende de ti’.
\n\nEl fenómeno editorial que rodeó a ‘También esto pasará’ constituyó un acontecimiento sin precedentes en el panorama literario hispanohablante contemporáneo. La novela, concebida como un monólogo de una hija hacia su madre recientemente fallecida, logró conciliar una apariencia de levedad con una profundidad emocional inusitada. El crítico del diario El País, Jacinto Antón, describió el corpus de textos de la autora como una combinación de ‘travesura y frivolidad con hálito literario, mucho humor y un sentimiento profundo de la existencia’. La propia estirpe literaria a la que se adscribe Busquets dialoga con los registros de Françoise Sagan, especialmente con ‘Bonjour tristesse’, y con la atmósfera wildeana, aunque la autora se muestra prudente ante tales comparaciones: ‘Wilde son palabras mayores; Wilde es un genio’, admite, aunque confesando que ‘¿qué más querría yo?’ ante semejante paralelo.
\n\nEn el capítulo referido a las redes sociales, Busquets desarrolla una crítica que conecta directamente con los debates actuales en torno a la salud mental de las generaciones jóvenes y la mediatización de la vida cotidiana. La autora describe el mecanismo mediante el cual personas que invierten horas en producir una fotografía, aplican múltiples filtros estéticos y la presentan como si aquello fuera su realidad, genera un efecto distorsionador sobre quien la consume. ‘Hay gente que cree que aquello es la realidad y vive convencida de que es más fea, de que tiene menos’, señala, y advierte sobre la consecuencia más profunda de este fenómeno: la imposición social de un relato según el cual la vida debería ser fácil y permanentemente feliz, cuando la evidencia contradice semejante expectativa. La frase que condensa su postura —’las redes sociales hacen creer que la felicidad es una obligación’— constituye una observación que dialoga con las investigaciones contemporáneas sobre los efectos psicológicos de la comparación social mediada por plataformas digitales.
\n\nLas implicancias de esta crítica trascienden el ámbito meramente literario. La reflexión de Busquets se inscribe en un corpus más amplio de voces que han comenzado a dimensionar los efectos de la sobreexposición digital sobre la subjetividad contemporánea. En su formulación, la representación de una vida feliz que constantemente se escenifica ante las audiencias genera una brecha entre la expectativa social y la experiencia real, con consecuencias particulares sobre la población joven, que aún no dispone de herramientas críticas para interrogar aquello que consume. La distinción que la autora establece entre ‘no está mal fingir felicidad de vez en cuando’ y ‘intentar convencer a los demás de que la vida es fácil y feliz cuando la vida es difícil’ marca una frontera ética precisa entre la cortesía social y el engaño sistemático. Sobre este último punto, la conexión con su declarado principio según el cual ‘siento que tengo una obligación no solo con la verdad, sino con la realidad’ (formulado en la conversación publicada por Le Grand Continent) resulta elocuente: la honestidad intelectual que la crítica ha celebrado en su obra no es un artificio retórico sino un principio rector.
\n\nLa entrevista concedida a este medio durante su paso por la Feria del Libro de Buenos Aires —donde la autora confesó haber ‘sentido mucho que estaba en casa, que españoles y argentinos somos muy parecidos’— ofreció además la ocasión de contrastar sus afirmaciones más abstractas con el contexto hispanoamericano. En ‘Mujeres elegantes’, la búsqueda de estética en escenarios de playa y mar, la reelaboración de los temas del amor, la amistad, la maternidad y el paso del tiempo, y la integración de referencias que van de Proust a Cadaqués, conforman un proyecto que la editora María Fasce ha caracterizado, desde el propio sello Lumen, como una literatura que dio temprana importancia a la escritura de las mujeres y a la poesía, pilares históricos de una casa que publicó a Virginia Woolf, Djuna Barnes, Neruda, Alberti, Pizarnik y Gil de Biedma, y que se consolidó económicamente en los años setenta gracias a la inolvidable Mafalda de Quino.
\n\nLa trayectoria de Busquets, marcada por la temprana experiencia de dirigir el sello RqueR, fundado junto a su madre en 1996 tras la venta de Lumen a Random House Mondadori y que constituyó una cuantiosa pérdida económica, ofrece un contrapunto revelador a la imagen de éxito que suele rodear a las figuras del entorno literario. La escritora pertenece a una generación que ha transitado de la cultura libresca analógica a la cultura digital, y su diagnóstico sobre las redes sociales adquiere así un peso que excede la anécdota. Su visión concluyente —’la elegancia no es lo más alto; la vida y el arte están por encima’— opera como un manifiesto en miniatura de una poética que reivindica la verdad, la resistencia al artificio y la centralidad de la experiencia vivida por sobre su representación.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
