A veinte años de la apertura de Inhotim, la institución considerada el mayor museo al aire libre del mundo, su fundador, Bernardo Paz, emprende una nueva etapa en su trayectoria como coleccionista y filántropo. El anuncio oficial, difundido a través de medios internacionales y nacionales durante julio y agosto de 2026, confirma la creación del Museo Bernardo Paz, un complejo de arte contemporáneo sobre un terreno de 124 hectáreas que colinda directamente con el proyecto que lo hizo célebre. La primera fase del proyecto tiene fecha prevista de inauguración para septiembre de 2027, momento en el que se abrirán al público los primeros pabellones e instalaciones permanentes.
El contexto geográfico y patrimonial del nuevo museo resulta decisivo para comprender su alcance. Brumadinho, municipio del estado de Minas Gerais situado aproximadamente a 90 minutos en automóvil de Belo Horizonte, se ha convertido en una referencia obligada del circuito internacional del arte gracias al Instituto Inhotim, inaugurado en 2006 sobre una antigua explotación agrícola. El propio Paz había comenzado a concebir la idea de Inhotim en la década de 1980, cuando adquirió la propiedad rural que, en 2002, se constituyó formalmente como instituto cultural sin ánimo de lucro. Hoy el complejo original mantiene una colección cercana a las 900 obras, con unas 346 hectáreas abiertas al público. La nueva institución, de 124 hectáreas, se erige según el propio modelo de pabellones dispersos dentro de un jardín botánico, replicando la escala y el espíritu de su antecesor.
El desarrollo del Museo Bernardo Paz ha sido planificado por etapas. Antes de la confirmación oficial de su nombre, el proyecto circuló en los medios bajo la denominación informal de ‘Museo del árbol’, en alusión a los 15.000 ejemplares arbóreos que ya han sido plantados en el terreno para conformar el jardín botánico nativo. En total, el plan maestro contempla la construcción de más de 20 galerías y pabellones —aunque algunas fuentes sitúan la cifra en hasta 40—, además de instalaciones y esculturas al aire libre comisionadas tanto a artistas internacionales consagrados como a una nueva generación de creadores provenientes de Brasil y de otras regiones de Sudamérica. El proyecto se financia con recursos propios de Bernardo Paz, quien además lo ha constituido como una institución sin ánimo de lucro con gobernanza, gestión y programación independientes.
El primer pabellón del nuevo museo ya tiene una identidad artística definida. Se tratará de la primera instalación permanente en Latinoamérica del estadounidense Michael Heizer, figura fundamental del movimiento Land Art surgido a finales de la década de 1960. Para este espacio, Heizer realizará las obras ‘Displaced Replaced Mass #3’ (1993) y ‘Negative Wall Sculpture #1’ (1993). La primera de ellas forma parte de una serie iniciada en 1969 en Silver Springs, Nevada, donde el artista insertó masivas rocas de granito en depresiones de hormigón hasta nivelarlas con el suelo, explorando la tensión entre el peso de la materia y la presencia del vacío. La versión de 1993, que ya pertenece a la colección de Bernardo Paz, emplea un bloque de granito blanco de 20 toneladas junto a dos bloques adicionales de 15 toneladas cada uno, todos embebidos en pozos de hormigón. La segunda pieza, una escultura mural negativa realizada en diorita, profundiza en la investigación formal del artista sobre el volumen, la densidad y la relación entre la masa y el espacio negativo.
La dirección artística del Museo Bernardo Paz recae en el curador Paulo Miyada, quien previamente estuvo al frente del Instituto Tomie Ohtake de São Paulo y visitó recientemente la ciudad de Buenos Aires. En sus declaraciones públicas, Miyada ha señalado que, en un contexto global donde predominan las percepciones de reducción de posibilidades en el ámbito cultural, social, ambiental y político, la nueva institución aspira a constituirse como un espacio que renueve la imaginación. Sostiene además que el paisaje de confluencias del proyecto desafía las nociones establecidas de lo que constituye un museo y un paisaje, generando oportunidades intensas para la creación y la transformación. Allan Schwartzman, cofundador de Inhotim y ahora asesor curatorial principal del nuevo museo, ha descrito el proyecto como un movimiento de Paz hacia un territorio experimental, caracterizado por una abundancia creativa y un sentido radical de descubrimiento.
La primera fase de programación incluirá pabellones dedicados a artistas de generaciones, orígenes y lenguas diversas, reflejo de los atributos de una colección que cuenta con más de 3.000 obras. Entre los nombres confirmados figuran la brasileña Anna Maria Maiolino (nacida en Italia en 1942), Sonia Gomes (Brasil, 1948), Pedro Moraleida (Brasil, 1977-1999), Sandra Gamarra (Perú, 1972) y Laura Belém (Brasil, 1974). Se suman esculturas de gran formato y entornos artísticos de Frida Orupabo (Noruega, 1986), Mario García Torres (México, 1975), Torkwase Dyson (Estados Unidos, 1973) y Giuseppe Penone (Italia, 1947).
La historia personal de Bernardo Paz añade matices relevantes al análisis del proyecto. Nacido en 1947, el coleccionista se forjó en la industria minera de Minas Gerais, un estado con una larga tradición extractiva. En 2018 fue condenado a más de nueve años de prisión por un caso de lavado de dinero, aunque fue absuelto de todos los cargos en 2020. En 2022, Paz donó los bienes culturales del Instituto Inhotim a la asociación sin fines de lucro que lo administra, institución que hoy opera con liderazgo y gobernanza propios, totalmente desvinculada de su fundador. Este nuevo museo, que el propio Paz financia con recursos personales y que lidera junto a un equipo que incluye a su hija Sofia Paz como vicepresidenta, a Paulo Soares como director de colección y proyectos, a Fernanda Arruda como asesora curatorial y a Arthur Castro como director de operaciones, marca por tanto un giro significativo en su carrera.
En cuanto a las cifras económicas, las informaciones difieren según la fuente. Medios brasileños han citado una inversión cercana a los 1.000 millones de reales, equivalentes a unos 195 millones de dólares. No obstante, un portavoz del proyecto señaló a The Art Newspaper que dicha cifra habría sido ‘exagerada’, sin ofrecer un monto oficial alternativo. La discrepancia entre las fuentes ilustra la naturaleza reservada de la financiación de un proyecto de esta envergadura, cuya materialización definitiva dependerá del ritmo de los trabajos de paisajismo, construcción de pabellones e instalación de obras a lo largo de los próximos meses.
Las implicancias del Museo Bernardo Paz trascienden el ámbito estrictamente artístico. Para la comunidad de Brumadinho, la nueva institución podría representar una fuente de desarrollo económico y turístico sostenido, consolidando a la región como destino cultural de referencia en Brasil. Para el circuito del arte contemporáneo latinoamericano, el proyecto introduce un escenario inédito: la coexistencia de dos grandes museos al aire libre, contiguos geográficamente, gobernados de manera independiente y concebidos por la misma figura. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la competencia por audiencias, la curaduría diferenciada y la capacidad de ambas instituciones para articular narrativas complementarias dentro de un mismo territorio. En el plano simbólico, el emprendimiento de un ex magnate minero que destina su fortuna a la creación de paisajes culturales inmersos en la naturaleza adquiere particulares resonancias en un estado cuya historia económica está profundamente ligada a la explotación del subsuelo.
La trayectoria de Michael Heizer ilustra la continuidad conceptual entre ambos proyectos de Paz. Las esculturas de Heizer, concebidas originalmente como intervenciones radicales en el paisaje desértico de Norteamérica, encuentran en el bosque frondoso de Minas Gerais un entorno de contraste inédito. Este traslado de un lenguaje del Land Art desde el desierto hacia la vegetación tropical plantea una lectura renovada de la relación entre la escultura monumental y su contexto natural. La obra de Heizer, sumada a las instalaciones de artistas como Giuseppe Penone o Torkwase Dyson, configura una cartografía de aproximaciones diversas al binomio arte-naturaleza que definirá la identidad curatorial de la primera etapa.
El calendario planteado sitúa la inauguración parcial del Museo Bernardo Paz en septiembre de 2027, apenas un año después del anuncio oficial. Este plazo relativamente breve para un proyecto de semejante escala sugiere que buena parte de la infraestructura paisajística ya se encuentra en un estado avanzado de desarrollo, tal como indican las plantaciones de árboles y la formación en curso del jardín botánico. La apertura por fases permitirá, según los organizadores, una puesta en marcha progresiva de los pabellones, manteniendo la calidad museográfica como criterio rector. Hasta tanto no se materialice la primera fase, las expectativas del circuito internacional permanecen centradas en la capacidad de Bernardo Paz para reproducir, en un nuevo enclave, la fórmula que hace dos décadas convirtió a Inhotim en un referente mundial del museo contemporáneo inmerso en la naturaleza.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
