Edgar Allan Poe no ha dejado de ser editado, traducido y reinterpretado desde que publicó en 1836 ‘La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall’. Sin embargo, pocas veces una nueva publicación invita a revisar de manera integral la forma en que se lee al autor. Eso es lo que propone ‘Cuentos completos’, el volumen de 1.184 páginas que acaba de publicar Páginas de Espuma para celebrar simultáneamente los 25 años de la editorial madrileña y los 175 años de la muerte del escritor estadounidense, ocurrida el 7 de octubre de 1849 en Baltimore.
La edición, comentada e íntegra, está a cargo de los escritores Fernando Iwasaki y Jorge Volpi, cuenta con una nueva traducción de Rafael Accorinti, dos prólogos inéditos firmados por la argentina Mariana Enríquez y la española Patricia Esteban Erlés, e incluye comentarios de 67 narradores contemporáneos para cada uno de los relatos. Las ilustraciones de Arturo Garrido complementan un volumen concebido como un objeto de colección con papel biblia y tapa dura, una apuesta editorial que busca renovar la presencia de un clásico cuyo ciclo de lectura parece no agotarse.
La primera capa de esta edición es la decisión de encargar una versión nueva a Rafael Accorinti, traductor argentino afincado en España que previamente se había enfrentado a los ensayos de Virginia Woolf. La tarea implicaba confrontar un referente de enorme peso: la versión que Julio Cortázar publicó en 1956, en colaboración con Editorial Universitaria de Puerto Rico y Revista de Occidente, y que durante casi siete décadas funcionó como la puerta de entrada al universo de Poe para generaciones de lectores en castellano. Esa traducción, realizada durante la estancia de Cortázar en Italia entre el invierno de 1953 y la primavera de 1954 junto a Aurora Bernárdez, fue la primera completa de la prosa de Poe en la lengua española y se convirtió en la más reeditada, con más de treinta entregas solo por parte de Alianza Editorial.
El propio Iwasaki, quien ya había trabajado en la edición conmemorativa de 2008 de los cuentos de Poe para el bicentenario del nacimiento del escritor, rechaza la idea de que los clásicos deban retraducirse por simple rutina. ‘Existen traducciones de autor cuyo valor reside en el prestigio literario del traductor. Pienso en Borges, Cabrera Infante o Javier Marías. La de Baudelaire seguirá siendo la traducción de Poe en francés. La de Cortázar pertenece a ese mismo linaje y la considero incuestionable’, confesó a Clarín. La decisión de la nueva versión, sostiene, respondió a razones extraliterarias y encontró en Accorinti a un traductor capaz de asumir el desafío con solvencia.
El editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, admitió que la versión de Cortázar es ‘más poética y atmosférica’ y que es ‘imposible’ de superar, pero defendió la necesidad de que todo clásico merezca una traducción contemporánea. Accorinti, por su parte, declaró que su objetivo fue ‘renovar el embrujo de Poe en los lectores contemporáneos’, y señaló que la traducción de Cortázar no necesariamente se ajustaba a la oralidad del original: ‘Su traducción de Poe es muy poética, lírica, y suena de otra manera en inglés, pero cada traducción tiene su tiempo y forma parte de la biografía literaria de un escritor clásico’. La nueva versión aporta una mirada contemporánea y profesionalizada, y aclara algunas imprecisiones o inexactitudes, aunque sin pretender desplazar la herencia cortazariana del canon.
Una segunda capa de esta edición radica en su dimensión colectiva. Cada uno de los 67 cuentos va acompañado por el comentario de un narrador contemporáneo nacido después de 1960, entre ellos Alejandro Zambra, Guadalupe Nettel y Antonio Ortuño, convocados para leer a Poe desde su propia experiencia como escritores. El criterio fue sencillo: escritores con al menos un libro de cuentos publicado. La idea, sin embargo, venía gestándose desde la edición de 2008, cuando ‘Vargas Llosa aún no había recibido el Nobel y los 67 autores contemporáneos teníamos casi veinte años menos’, recuerda Iwasaki. Aquella experiencia funcionó como un manifiesto en defensa del cuento y abrió el camino para proyectos similares dedicados a Maupassant, Chéjov, Joyce y Flaubert.
‘La obsesión por la muerte, el cuerpo y la crueldad es todo Poe: somos sus hijos, los escritores de terror desde ya, pero también los de policiales, los cuentistas, los periodistas, los poetas’, escribe Mariana Enríquez en las páginas iniciales, en un texto que condensa la admiración del presente por el autor: ‘Lo reclamo como el mejor capitán de la oscuridad. Él lo sabía y lo sufría’.
La dimensión periodística de Poe constituye otra de las revelaciones que la edición busca poner en primer plano. Mucho antes de convertirse en un clásico, Poe escribió con la urgencia de quien dependía de cada colaboración para vivir: publicaba cuentos, poemas y críticas mientras pasaba horas leyendo novedades editoriales y escribiendo reseñas en periódicos y revistas de Baltimore, Filadelfia y Nueva York. Esa faceta cobró nuevo relieve cuando Páginas de Espuma publicó los ‘Ensayos completos’, en buena medida inéditos hasta entonces en español. ‘Ya me resulta imposible releer algunos cuentos y poemas de Poe sin pensar en los libros que reseñó mientras los escribía’, confiesa Iwasaki, quien admite que el trabajo con esos materiales modificó incluso su propia lectura.
El impacto cultural de la obra de Poe es difícil de exagerar. Escritor prematuramente huérfano, alumno de la Universidad de Virginia expulsado por deudas de juego, breve miembro del ejército y periodista trotamundos, Poe murió en circunstancias nunca del todo aclaradas a los cuarenta años. Su legado atraviesa la literatura simbolista francesa, el surrealismo, la novela detectivesca de Arthur Conan Doyle, el terror de H. P. Lovecraft y Stephen King, y llega hasta autores tan diversos como Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Franz Kafka y Ray Bradbury. En las artes visuales, su influencia se rastrea en Salvador Dalí, Odilon Redon o René Magritte; en el cine y la televisión, en Alfred Hitchcock y Tim Burton. Hoy, en plena era digital, sus relatos siguen siendo leídos, adaptados y reinterpretados en series, podcasts y plataformas de streaming.
Volpi, durante la presentación del libro en Madrid, señaló que ‘Trump y Musk podían haber sido personajes de Poe’, y que vivimos en una época marcada por el miedo a esos personajes, pero también por el miedo al futuro, al calentamiento global y a la inteligencia artificial. Iwasaki, en el mismo acto, hizo hincapié en la vigencia de estos cuentos en un tiempo en el que ‘el mal forma parte del mainstream y del discurso político y de nuestra vida cotidiana’.
Las implicancias de esta publicación trascienden el plano editorial. Por un lado, reactiva un debate académico sobre la naturaleza de la traducción literaria: si la versión de Cortázar debe mantenerse como canon intocable o si la multiplicidad de versiones enriquece la vida de un texto clásico. La propia historia de la traducción de la obra de Poe en español muestra que hubo antecedentes relevantes: las versiones de Armando Bazán en 1944 y de Julio Gómez de la Serna en 1951 circularon antes que la de Cortázar, aunque ninguna alcanzó su difusión. Por otro lado, la edición reconfigura la relación entre la literatura de terror y la narrativa breve contemporánea en lengua española, al reunir en un mismo volumen a dos generaciones de cuentistas que se reconocen como herederos de una misma tradición.
La publicación coincide además con un proceso de liberación de los derechos de autor de Poe en el ámbito hispanohablante, que permite a las editoriales españolas lanzar nuevas aproximaciones al corpus sin las restricciones previas. Ello se traduce en la aparición de ediciones con distintos criterios de organización: mientras la clásica de Alianza dividía los cuentos en dos tomos según su naturaleza sobrenatural o filosófica, la de Páginas de Espuma los presenta en orden cronológico de escritura, lo que permite al lector seguir la evolución del autor y comprender mejor el origen de su atracción por el horror y lo extraordinario.
En suma, ‘Cuentos completos’ no se limita a reeditar un texto consagrado. Articula un dispositivo de lectura en capas donde conviven la fidelidad filológica, la reflexión crítica de escritores contemporáneos y una mirada historicista que devuelve a Poe su condición de profesional de la palabra, alguien que escribió contra reloj y contra la precariedad, y cuya obra sobrevivió a las condiciones que la produjeron. El volumen se convierte así en un documento doble: homenaje a una editorial que celebra su cuarto de siglo y registro de la vigencia de un autor que, 175 años después de su muerte, sigue siendo leído como si sus textos fueran contemporáneos. La revisión de su legado no implica necesariamente el abandono de versiones anteriores, sino la constatación de que los clásicos, como afirmó Accorinti, nos hablan en el ahora y que sus voces siguen siendo inteligibles a pesar del paso del tiempo. Cada nueva lectura, y cada nueva traducción, confirma que la obra de Poe es un organismo vivo que palpita al pulso de los tiempos.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
