La arena de las plazas y el ambiente que circunda a las corridas de toros se ha trasladado a Santo Domingo. La exposición fotográfica «Tauromaquias», de la artista dominicana Sofía Torres Prida, se exhibe desde mediados de julio y hasta el 7 de agosto en el Museo de Arte Moderno de la capital dominicana, y ofrece un registro visual que documenta la pervivencia de esta tradición en varios países de Latinoamérica, además de España, Francia y Portugal. La muestra, presentada previamente en la Fundación Cajasol de Sevilla, capital andaluza, despliega un cuidadoso trabajo en blanco y negro en el que desfilan escenas de la lidia, retratos de toreros de relevancia como Morante de la Puebla o Emilio de Justo, y una aproximación a oficios y dimensiones menos visibles del mundo taurino, entre ellos la sastrería, la ganadería y la religiosidad que acompaña a las faenas.
El origen del proyecto se remonta a la primera corrida de toros que la artista presenció en Latacunga, Ecuador. Fue a partir de esa experiencia que Torres Prida comenzó a cuestionar la percepción de la tauromaquia como un fenómeno exclusivamente español, y emprendió un recorrido documental por Ecuador, Colombia, Perú, México, así como por España, Portugal y Francia. «El proyecto es realmente la evidencia visual de todo el camino que recorrí, los lugares que visité y las personas que pude conocer», señala la artista, formada en Bellas Artes en Zúrich, Suiza, y con un máster en Historia de América Latina por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Según relató ante medios de comunicación en la inauguración, su interés central consistió en plasmar «lo que no se ve en la plaza», es decir, todo el sistema cultural que sostiene una tarde de toros y que permanece habitualmente fuera del encuadre del espectador.
El planteo de Torres Prida parte de una premisa que abre un terreno de análisis relevante para la historiografía cultural de Hispanoamérica. La artista sostiene que la capilaridad de la tauromaquia en países como Perú o México encuentra una explicación histórica concreta en la conformación del Imperio español: los Virreinatos del Perú y de Nueva España constituyeron los territorios ultramarinos de mayor peso económico durante siglos, y con ellos llegaron, junto a instituciones administrativas y religiosas, las prácticas festivas y rituales implantadas desde la península. Los registros históricos respaldan esta interpretación: las primeras noticias documentadas de festejos taurinos en territorio peruano datan de 1538, con motivo de la celebración de la victoria en la batalla de las Salinas, mientras que en la Nueva España existen referencias a la carrera de toros en una carta de Hernán Cortés al emperador Carlos V fechada en 1526. La expansión del toreo siguió así la misma ruta que las instituciones coloniales y se arraigó de manera diferenciada según la dinámica demográfica y económica de cada región.
La exposición se estructura en torno a una curaduría que combina la fotografía con elementos de investigación antropológica y material de archivo, en una puesta en escena que remite al cuaderno de campo de un investigador. La muestra incluye un mural con una cita del filósofo José Ortega y Gasset, quien sostenía que «la historia del toreo está ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera resulta imposible comprender la segunda». La elección de esta referencia no es casual: el proyecto dialoga explícitamente con un linaje intelectual y artístico que ha abordado la tauromaquia desde perspectivas divergentes, como lo demuestran las obras de Goya en el siglo XVIII, las pinturas de Sorolla, la literatura de Hemingway o los ensayos del propio Ortega y Gasset. Torres Prida se posiciona en ese linaje, pero con una diferencia fundamental: su aproximación deliberadamente académica busca abordar la tauromaquia no como «un arte» en sentido estricto, sino como un tema cultural que existe en diferentes geografías y que ha inspirado a generaciones de creadores.
Las implicancias del trabajo de Torres Prida exceden el ámbito estrictamente artístico y se proyectan sobre un debate público que ha cobrado intensidad en diversos países de la región durante las últimas dos décadas. En Colombia, la Corte Constitucional se pronunció en 2005 desestimando una demanda contra la tauromaquia y posteriormente, mediante la Sentencia C-666 de 2010, condicionó su práctica a municipios donde constituya una «tradición regular, periódica e ininterrumpida», además de exigir la eliminación progresiva de las conductas más crueles hacia los animales. En Ecuador, donde Torres Prida vio su primera corrida, el debate sobre la prohibición o regulación de las fiestas taurinas ha atravesado la agenda pública con posturas encontradas. En México, el cierre y posterior reapertura condicionada de la Plaza México en la Ciudad de México en 2022 evidenció la tensión entre protecciones constitucionales a la cultura y presiones de movimientos animalistas. Estos antecedentes legales configuran un escenario donde la exposición «Tauromaquias» adquiere un valor documental particular: registra la persistencia de una práctica en simultáneo con el debate sobre su legitimidad.
La artista ha declarado que ingresó al mundo taurino «sin saber nada», una condición que considera una «ventaja» por cuanto le permitió acercarse sin prejuicios ni ideas preestablecidas, con «mucha curiosidad, con la mente abierta» y con la aspiración de mantener «la mente fría». Su enfoque prioriza el elemento histórico y académico por sobre la valoración estética o moral de la corrida, y reivindica la pertinencia de abrir una conversación sobre la tauromaquia como fenómeno transnacional que desborda las fronteras de España. El Museo de Arte Moderno de Santo Domingo alberga así una obra que, más allá de su factura visual, plantea interrogantes sobre identidad, memoria histórica y los procesos mediante los cuales una práctica cultural viaja, se transforma y permanece. La muestra se integra a una trayectoria expositiva que comenzó en Sevilla y que ahora encuentra en el Caribe un nuevo escenario para un debate que permanece abierto en toda Hispanoamérica.
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