Cultura

Sylvia Iparraguirre y la lectura infantil: la Saga de los Confines, Robinson Crusoe y El fantasma de Canterville como puertas de entrada al mundo

Hay escritores que no pueden elegir un solo libro. Sylvia Iparraguirre pertenece a esa estirpe de lectores para quienes la infancia y la literatura forman un territorio demasiado vasto como para reducirlo a un único título. Sin embargo, si tuviera que acercarle hoy un libro a un chico de diez años, o a la niña que alguna vez fue, no dudaría en poner en sus manos la Saga de los Confines de Liliana Bodoc. La elección no es casual ni arbitraria: condensa una manera de entender la literatura argentina como un mapa de voces, paisajes y leyendas que todavía esperan ser recorridos.

\n\nLa recomendación de Iparraguirre se inscribe en un contexto más amplio de discusiones sobre el lugar del libro en la vida de los niños contemporáneos. En plena expansión de las pantallas táctiles, la inteligencia artificial generativa y las plataformas de entretenimiento bajo demanda, la pregunta por qué leer y para qué leer adquiere una relevancia que excede el ámbito pedagógico. La respuesta de la autora, formada en la tradición humanística, no apela a la nostalgia ni a la resistencia tecnológica, sino a una convicción profunda: el libro posee una capacidad única que ninguna tecnología ha logrado reemplazar. «Porque el libro tiene la capacidad única de incentivar su propia imaginación y porque la lectura es un ejercicio irreemplazable para que nuestra inteligencia se ejercite, se profundice y acepte otros mundos; me refiero a mundos, conflictos y esperanzas humanos», sostiene Iparraguirre.

\n\nLa Saga de los Confines, la obra elegida para la recomendación principal, constituye uno de los hitos de la literatura fantástica escrita en Argentina. Su autora, Liliana Bodoc, nacida en Santa Fe en 1958 y fallecida prematuramente en febrero de 2018, dedicó años al estudio de los pueblos originarios de América Latina y vertió en su trilogía un universo ficcional inédito. Lejos de imitar los modelos europeos de fantasía épica, Bodoc construyó un cosmos propio, una suerte de respuesta latinoamericana al género que cultivaron autores como J.R.R. Tolkien. La saga se compone de tres novelas que narran, con una prosa deliberadamente poética, una epopeya signada por el choque entre cosmovisiones: aquella que venera la vida, la tierra y lo sagrado, y aquella que avanza desde el otro lado del mundo con la lógica de la conquista. Los títulos que componen la trilogía, Los días del Venado (2000), Los días de la Sombra (2002) y Los días del Fuego (2004), fueron publicados inicialmente por la editorial Norma y alcanzaron un número considerable de lectores, tanto en Argentina como en el resto de Hispanoamérica.

\n\nLa elección de Bodoc no es un gesto aislado dentro de la trayectoria de Iparraguirre. Su propia obra dialoga constantemente con la historia, la aventura, los viajes y los grandes paisajes. Nacida en Junín, provincia de Buenos Aires, en 1947, la narradora cursó estudios de Letras en la Universidad de Buenos Aires y desarrolló una extensa carrera como investigadora en el área de Lingüística. Fue docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y, desde 1986, formó parte del Instituto de Literatura Hispanoamericana de esa misma casa de estudios. Además, se desempeñó durante muchos años como investigadora del CONICET, con especial dedicación al estudio de la sociolingüística y al análisis de la obra del pensador ruso Mijaíl Bajtín. Junto con Abelardo Castillo, con quien estuvo casada, integró las históricas revistas El Escarabajo de Oro y El Ornitorrinco, esta última considerada una de las publicaciones emblemáticas de la resistencia cultural durante la última dictadura militar.

\n\nLa bibliografía de Iparraguirre abarca libros de cuentos y novelas traducidos a más de una decena de idiomas. Entre sus títulos breves se destacan En el invierno de las ciudades (1988), galardonado con el Primer Premio Municipal de Literatura, y Probables lluvias por la noche (1993). Su producción novelística incluye El Parque (1996), La tierra del fuego (1998), Encuentro con Munch, La orfandad, El muchacho de los senos de goma y Antes que desaparezca, estas últimas tres como parte de la trilogía que la autora denominó Historia argentina. La tierra del fuego fue distinguida con el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, el Premio de la Crítica de la Fundación El Libro y el Premio Club de los XIII, entre otros reconocimientos. También escribió la autobiografía lectora La vida invisible y Clases de literatura rusa, volumen en el que vuelca décadas de enseñanza y reflexión sobre los grandes autores de esa tradición literaria. A ello se suman el Premio Konex de Platino en Novela y el Premio Nacional Esteban Echeverría, otorgado en 2012 en reconocimiento a su trayectoria completa.

\n\nEn la misma entrevista en la que recomienda la Saga de los Confines, Iparraguirre vuelve sobre dos clásicos que marcaron su formación como lectora. «De otras literaturas, libros que me enseñaron el placer de la aventura, del humor y del miedo: Robinson Crusoe de Daniel Defoe y El fantasma de Canterville de Oscar Wilde», agrega. La mención de estos títulos no es menor. Robinson Crusoe, publicada en 1719, inaugura la novela moderna y ofrece un modelo de aventura, supervivencia y soledad deliberada que sigue interpelando a los lectores jóvenes. El fantasma de Canterville, publicado por primera vez en 1887, representa por su parte un ironía fina y una sátira de los estereotipos culturales, al tiempo que enseña el placer del miedo administrado con humor. La combinación de ambas obras, junto con la saga fantástica de Bodoc, traza un itinerario de lectura que va del mundo americano a la literatura inglesa, del mito a la novela moderna, del miedo al humor.

\n\nLas implicancias de estas recomendaciones exceden el plano del gusto personal. Si se las lee en conjunto, delinean un programa de lectura que privilegia la diversidad cultural, la imaginación como vía de conocimiento y la literatura como espacio de formación de la subjetividad. Para Iparraguirre, la lectura enseña algo esencial: la libertad. «En la lectura, el chico o chica ejercita la libertad de dar a lo que lee su propio sentido», afirma. Ese enunciado condensa una concepción pedagógica que contrasta fuertemente con los modelos de consumo cultural pasivo que dominan buena parte del escenario digital contemporáneo. Mientras que la pantalla tiende a imponer sentidos ya elaborados, la lectura activa demanda una construcción permanente de significados, una negociación entre el texto y el horizonte de quien lee.

\n\nEn términos de política cultural, la reivindicación de la Saga de los Confines constituye también un gesto de memoria literaria. Liliana Bodoc murió sin recibir en vida el reconocimiento masivo que su obra merecía, aunque su legado fue creciendo en los años posteriores a su fallecimiento. La trilogía ha sido objeto de estudio académico, como lo demuestran trabajos publicados en revistas universitarias que analizan la correlación entre los personajes brujos de la saga y el chamanismo, así como la construcción de un imaginario contra el avasallamiento. La incorporación de los pueblos originarios, sus creencias, rituales y seres mitológicos, convierte a la obra de Bodoc en un corpus fundamental para pensar la literatura fantástica desde una perspectiva latinoamericana y descolonizadora.

\n\nLa entrevista con Iparraguirre se enmarca en una serie de recomendaciones de lectura destinadas a un público infantil y juvenil, una iniciativa que en Argentina cobra especial relevancia en un escenario donde los índices de comprensión lectora y el acceso al libro impreso presentan desafíos persistentes. Las autoridades educativas y las organizaciones de la sociedad civil han señalado en reiteradas oportunidades la necesidad de sostener políticas públicas de fomento a la lectura que contemplen tanto la distribución de materiales como la formación de mediadores: docentes, bibliotecarios, editores y escritores. En ese contexto, la palabra de una autora consagrada como Sylvia Iparraguirre opera como un capital simbólico indispensable para revalorizar el libro como objeto cultural y la lectura como práctica insustituible.

\n\nLa conclusión que se desprende de estas declaraciones es de orden fáctico. Sylvia Iparraguirre eligió, para recomendar a un niño de diez años, una saga escrita por una mujer argentina que imaginó un mundo nuevo a partir de las raíces americanas. A esa primera elección sumó dos clásicos de la literatura universal que en su momento le enseñaron el placer de la aventura, del humor y del miedo. La respuesta a la pregunta de por qué un chico debería seguir acercándose a la lectura en pleno siglo XXI quedó formulada con precisión: para ejercitar la imaginación, profundizar la inteligencia y ejercer la libertad de dar sentido propio a lo que se lee. Esa convicción, nacida de décadas de lectura, docencia e investigación, atraviesa toda su obra y constituye, además, un argumento sólido y verificable a favor del libro como tecnología insuperada de formación humana.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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