Cultura

Mercedes Sosa inédita: las cartas del exilio que revelan su lado más íntimo, publicadas en ‘Pájaro azul’

La palabra “exilio” suele asociarse en el imaginario colectivo a grandes gestos públicos, declaraciones políticas y símbolos de resistencia. Sin embargo, existe una dimensión menos visible de ese fenómeno, aquella que transcurre en la intimidad: la del desarraigo cotidiano, la soledad en habitaciones de hotel, los vuelos nocturnos entre ciudades extranjeras y la necesidad urgente de sostener vínculos afectivos a través de la distancia. Es precisamente en ese territorio intermedio donde se inscribe “Pájaro azul (cartas desde el exilio)”, el volumen editado por Paripé Books que reúne por primera vez la correspondencia inédita que Mercedes Sosa mantuvo con su amigo Hugo Otero durante los años que pasó fuera de la Argentina, forzada por la última dictadura militar.

El material que dio origen al libro permaneció durante décadas guardado en una carpeta azul en poder de Otero. Fue en 2016 cuando este hombre, que según relata su nieta trabajaba en Felfort y solía llevar bombones a la familia, llegó a la Fundación Mercedes Sosa con aquel legado entre sus manos. Allí se encontró con Araceli Matus, nieta de la cantante y presidenta de la fundación, quien inicialmente sintió pudor ante la idea de leer las cartas de su abuela, y se preguntó si ella habría estado de acuerdo con que fueran difundidas. Con el tiempo se fue animando, ordenó los documentos y comprendió que ese material constituía, en palabras de las editoras, la primera autobiografía inesperada de Mercedes Sosa.

Las cartas, fechadas en su mayoría entre 1978 y 1981, atraviesan un período extremadamente sensible de la historia argentina. La cantante tucumana había sido detenida el 21 de octubre de 1978 junto a todo el público asistente durante un recital en el Almacén San José de la ciudad de La Plata, mientras interpretaba “Cuando tenga la tierra”. Tras verse incluida en las listas negras del régimen, con sus discos prohibidos y su difusión restringida por el COMFER, y después de la cancelación de cinco recitales consecutivos, Mercedes no tuvo más opción que partir hacia París. Esa detención y el posterior hostigamiento fueron los factores inmediatos que la empujaron al exilio, aunque ella no tenía causa judicial abierta y podía formalmente entrar y salir del país. La persecución contra su figura formaba parte de un esquema más amplio de silenciamiento de la música popular que se implementó como correlato de las torturas y desapariciones del período.

El contenido de la correspondencia revela a una mujer lejos de la imagen consagrada de la “voz de América Latina”. La nota de las editoras aclara un punto fundamental: no se trata de la Mercedes cantora ni de la figura pública, sino de una mujer que escribe antes de dormir, en un avión o desde su “escritorio color burguesía”, y que le habla a Hugo desde el miedo, la soledad, el cansancio, el humor y el deseo. En el gesto cotidiano de escribir para sostener un vínculo afectivo, Mercedes termina construyendo casi sin proponérselo una autobiografía fragmentaria que funciona también como retrato sensible de una época: aparecen lecturas, músicas, ciudades, afectos, escenas del destierro y referencias a acontecimientos históricos que atravesaban su vida cotidiana.

Uno de los documentos más reveladores es la carta fechada el 25 de octubre de 1980, escrita desde Madrid, cuando ya llevaba más de un año exiliada. Allí escribe: “Como vos lo dijistes la lejanía de la patria es dura pero la cercanía la veo más obscura que nunca las distintas voces de la derecha están más fuertes eso se refleja en las revistas de Argentina lástima veo que el hecho cultural no existe casi o si existe es clandestino lo lamento por mí por nosotros por nuestro país ¿qué hijos tan cultos y tan importantes dio en todos los tiempos? Mi consuelo es que subterráneamente estén formándose los que mañana limpia la mente de tanto fascismo existirán y soñarán con una Argentina sin lágrimas”. El texto, escrito respetando el particular uso ortográfico de la cantante, con la caída de las “s” finales característica del registro coloquial rioplatense, condensa al mismo tiempo el dolor por la distancia y la confianza en un futuro de reconstrucción nacional.

Otras cartas aportan la dimensión más humana del exilio. En una fechada el 19 de agosto de 1979, Mercedes escribe: “¡Hola Hugo! Para tu colección de bolsas de mareos te envío otra más. Estoy sobre el avión, se está moviendo un poco, así que aprovecho para sentirme acompañada, aunque más no sea para no sentir tanto miedo”. El detalle de las bolsas de mareo, que Otero coleccionaba y que la propia cantante le enviaba como gesto de complicidad, revela un vínculo que trascendía lo meramente profesional y que, según la introducción de Matus, fue el de “amigo, hermano, confidente, ¿amante?”, un interrogante que la nieta dejó deliberadamente abierto ante la naturaleza de la relación. En una carta fechada en Londres el 7 de noviembre de 1979, Mercedes relata estar en las oficinas de Amnistía Internacional y admite: “sé que el camino de regreso es largo, y va a ser duro de volver, pero me estoy preparando para este largo exilio voluntario en Europa”.

La publicación de este epistolario se inscribe en un contexto de creciente interés por reconstruir la historia íntima de figuras públicas argentinas. El título remite a un apodo que Mercedes utilizaba para referirse a su amigo: “pájaro azul de las inútiles alas”, expresión que parece evocar el cuento homónimo de Rubén Darío. Además del libro, el proyecto contempla la realización de un documental que se estrenará en 2027, lo que evidencia la magnitud patrimonial de este material y su potencial para generar nuevas lecturas sobre la vida y obra de la artista.

La edición corrida a cargo de Matus, la realizadora e investigadora de archivos Agustina Pérez Rial y la doctora Graciela Goldchluk busca deliberadamente desplazar a Mercedes del lugar de “Pachamama” que ocupaba en su imagen pública —un rol que, según la propia nieta, la “fastidiaba”— para revelar a la cantante bajo otra luz: la del humor, las emociones y la feminidad. Las editoras sostienen que las cartas permiten comprender cómo los acontecimientos políticos de la época fueron vividos desde la intimidad de una mujer que, a los 44 años, se vio obligada a dejar su país y a gran parte de su familia para partir sola al destierro, mostrándose atravesada por las contradicciones de ese tiempo: la fortaleza y la fragilidad, el éxito internacional y el desarraigo, la intensa vida pública y una profunda soledad.

El regreso de Mercedes Sosa a la Argentina en 1982, con su serie de recitales en el estadio de Obras Sanitarias, marcó un hito en la reconstrucción cultural del país. Tras reaparecer debió volver a exiliarse cuando se enteró de que el almirante Carlos Alberto Lacoste, alto mando de la dictadura, había preguntado quién había dado permiso para que la cantante estuviera en su país. Recién con la restauración democrática de 1983 pudo instalarse definitivamente en la Argentina. “Pájaro azul” no solo rescata documentos históricos sino que ofrece un contrapunto necesario a la narrativa oficial sobre el exilio, mostrando que las grandes figuras de la resistencia cultural fueron también personas que escribían cartas a la luz tenue de un avión, que acumulaban bolsas de mareos como prueba de amistad y que, lejos de cualquier monumentalización, hablaban en sus textos más íntimos de una Argentina sin lágrimas que nunca dejaron de soñar.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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