Cultura

La vida en un planeta poco conocido: Elizabeth Kolbert y la crónica de una crisis climática que ya no admite demoras

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó en enero de 2025 que 2024 fue el año más cálido desde que existen registros modernos, con una temperatura media global 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales (1850-1900). Cada uno de los últimos diez años —2015 a 2024— figuró como los diez más cálidos jamás documentados. Este dato, lejos de ser una abstracción estadística, constituye el telón de fondo factual sobre el que se despliega la obra más reciente de la periodista estadounidense Elizabeth Kolbert.

«La vida en un planeta poco conocido» (Debate, 2025) no es simplemente una compilación de artículos publicados a lo largo de casi treinta años en The New Yorker. Es, en rigor, una cartografía narrativa del Antropoceno: el término propuesto por geólogos para designar la era en la que la actividad humana ha alterado los sistemas terrestres a una escala equiparable a las grandes fuerzas geológicas. Kolbert, que obtuvo el Premio Pulitzer en 2015 por «La sexta extinción», recorre en estas crónicas territorios tan diversos como Groenlandia, Florida, los Países Bajos, Alaska, Nueva Zelanda y la isla danesa de Samsø. No se trata de un periplo turístico, sino de una estrategia metodológica: Kolbert es reportera de territorio, y cada destino funciona como un estudio de caso de un fenómeno global.

La estructura del libro —dividida en las secciones «criaturas grandes y pequeñas», «conciencia del lugar», «grandes ideas» y «todo lo que podamos salvar»— revela una hoja de ruta que transita de lo particular a lo sistémico. En la primera sección, Kolbert aborda el denominado «apocalipsis de insectos» acompañando al entomólogo David Wagner, de la Universidad de Connecticut, en la búsqueda de orugas en el desierto. Wagner ha documentado que la población mundial de insectos disminuye entre un 1% y un 2% anual, un fenómeno que describió como «muerte por mil cortes» en un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences en 2021. La desaparición de insectos no es un hecho menor: ellos constituyen la base de las cadenas tróficas y polinizan aproximadamente el 75% de los cultivos que consume la humanidad. El efecto dominó de su declive se proyecta sobre aves, anfibios, mamíferos y, finalmente, sobre la seguridad alimentaria global.

En el polo opuesto de la escala, Kolbert se suma a las expediciones de glaciólogos que estudian el deshielo de los glaciares árticos. Según el estudio GlaMBIE publicado en Nature a principios de 2025 y coordinado por el Servicio Mundial de Monitoreo de Glaciares (WGMS), entre 2000 y 2023 los glaciares del mundo perdieron el 5% del hielo remanente, con picos regionales alarmantes: cerca del 40% en Europa Central. En Groenlandia, la pérdida de hielo pasó de 3,8 mil millones de toneladas anuales a principios de la década de 1990 a 254 mil millones en la actualidad, un incremento de siete veces. Cada milímetro de aumento del nivel del mar expone a entre 200.000 y 300.000 personas adicionales a inundaciones anuales, según datos del WGMS.

La dimensión política del cambio climático ocupa un lugar central en el libro a través del perfil de la costarricense Christiana Figueres, quien fungió como secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático durante las negociaciones que culminaron en el histórico Acuerdo de París de 2015. Kolbert entrevistó a Figueres en los meses previos a la firma del tratado, en el que 194 países se comprometieron a mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2 °C y a realizar esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C. Sin embargo, tal como la autora lo señala en las notas al pie de actualización incluidas en el libro, muchos países no han cumplido sus compromisos. Estados Unidos, el segundo mayor emisor histórico de gases de efecto invernadero, se retiró del Acuerdo de París por segunda vez en enero de 2025 mediante una orden ejecutiva que declaró la salida efectiva e inmediata del tratado, según documentó la Casa Blanca el 20 de enero de ese año.

Kolbert también sigue las investigaciones del meteorólogo y activista James Hansen, considerado el «padre del calentamiento global» por su testimonio ante el Senado de Estados Unidos en 1988. En un artículo publicado en febrero de 2025 en la revista Environment: Science and Policy for Sustainable Development, Hansen y sus colegas advirtieron que la velocidad del calentamiento global se ha duplicado, pasando de 0,2 °C a 0,4 °C por década en los últimos dos años. El estudio atribuye esta aceleración a la reducción de aerosoles contaminantes provenientes de combustibles de barcos —que regulaciones internacionales redujeron desde 2020—, los cuales antes reflejaban luz solar de vuelta al espacio y generaban un efecto de enfriamiento que enmascaraba parte del calentamiento real. Hansen proyecta que la sensibilidad climática real (el aumento de temperatura por duplicación de CO2) podría ser de 5 °C, significativamente superior a los 3 °C estimados por el IPCC.

Frente a este panorama, el libro también recoge la perspectiva del físico Amory Lovins, fundador del Rocky Mountain Institute y defensor desde la década de 1970 de las soluciones basadas en eficiencia energética y energías renovables descentralizadas. Lovins acuñó el concepto de «negavatios» —megavatios no consumidos gracias a la eficiencia— y sostiene que la transición energética no solo es viable, sino económicamente rentable. La Agencia Internacional de la Energía ha respaldado esta visión: estima que las medidas de eficiencia en usos finales y generación pueden representar hasta el 65% de las reducciones de emisiones necesarias.

La paradoja que hilvana todo el trabajo de Kolbert es profunda y perturbadora: cuanto más daña el desarrollo humano al planeta, más sofisticados se vuelven los instrumentos para comprender ese daño. El conocimiento científico avanza en paralelo al deterioro ecológico, sin que exista necesariamente una correlación entre diagnóstico y acción. El título del libro, tomado de una frase del entomólogo Howard Ensign Evans, funciona como un recordatorio: «Para una persona en sintonía con las criaturas más pequeñas, no hay rincón de la naturaleza que no esté lleno de emoción y de problemas sin resolver». Kolbert, también apicultora amateur, utiliza la palabra como un instrumento para combatir la resignación. No ofrece soluciones milagrosas, pero documenta con rigor a quienes trabajan para remediar los efectos nocivos y conciliar voluntades. En un momento en que los datos de la OMM señalan que el objetivo de 1,5 °C acordado en París ya fue superado transitoriamente, y que las proyecciones de Hansen indican que 2026 podría ser otro año récord, la obra de Kolbert adquiere una urgencia que trasciende lo literario: se consolida como un archivo de la tensión entre lo posible y lo necesario, entre la ciencia que alerta y la política que demora.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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