Cultura

El duelo póstumo: Lila Bendersky reconstruye la hermana que nunca conoció en «Un cactus en el medio»

La literatura argentina contemporánea ha encontrado en los últimos años un filón en la narrativa del duelo y la reconstrucción de lo que no se vivió directamente. Dentro de ese corpus, «Un cactus en el medio» (Vinilo Editora, 136 páginas) de Lila Bendersky ocupa un lugar singular: no es el relato de quien perdió a un ser querido, sino de quien nació después de esa pérdida, como consecuencia directa de ella, y decidió investigar los contornos de una ausencia que definió su existencia antes de que pudiera nombrarla.

Bendersky, licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y periodista egresada de TEA, con una trayectoria que incluye colaboraciones en La Nación, Clarín y elDiarioAR, así como la producción del programa «De acá en más» conducido por María O’Donnell, se sumergió en una investigación que ella misma define como «periodística». El objeto: su propia familia. El hallazgo: una historia de dolor silenciado que circulaba subterráneamente durante décadas.

«Nunca tuve el propósito de escribir un libro pero sí sentía una necesidad diría vital de recuperar la historia de mi hermana. Sabía muy poco de ella, de su personalidad, de lo que había pasado ese verano del 88. Su nombre siempre estuvo asociado a un dolor al que era mejor no acercarse», declaró la autora. Esa incomodidad frente al silencio fue el motor que la llevó a anotarse en el taller literario de Margarita García Robayo, escritora colombiana radicada en Buenos Aires y ganadora del Premio Casa de las Américas 2014, para darle estructura a un proyecto que inicialmente concebía como un archivo para sus hermanos y sobrinas.

Florencia, la hermana mayor, falleció el 31 de diciembre de 1988 a causa de una meningitis bacteriana, una enfermedad que en esa época representaba una urgencia infecciosa de alta mortalidad. Según datos epidemiológicos, en Argentina se registran más de 500 casos de meningitis bacteriana al año, con una tasa de letalidad que puede alcanzar entre el 10 y el 15% incluso con tratamiento. La meningitis bacteriana se caracteriza por un cuadro clínico grave de evolución aguda —entre 24 y 48 horas— que se manifiesta con fiebre, rigidez de nuca, alteración del sensorio, cefalea y convulsiones. En niños pequeños, el diagnóstico temprano es particularmente difícil y las secuelas neurológicas pueden ser severas en los sobrevivientes. En el caso de Florencia, la enfermedad fue fulminante.

Lo que distingue a «Un cactus en el medio» dentro del género de la no-ficción autobiográfica es su metodología. Bendersky entrevistó a su madre en sesiones de dos horas en el departamento donde se crió, logrando que ella hablara sin omisiones. Con su padre, en cambio, el diálogo tuvo un límite claro: «Nunca mencioné a Florencia en esos cafés; él todavía no puede hablar de ella», confiesa la autora. Las conversaciones con su progenitor transitaron por otros territorios: los primeros encuentros de sus padres, el estallido del matrimonio de sus abuelos, la época de residente en el hospital Ramos Mejía. Un rodeo que Bendersky supo leer como una forma de duelo no procesado.

La decisión de entrevistar a sus hermanos llegó después, cuando ya conocía los detalles de lo ocurrido. «No quería hacerlos parte de algo que quizás no querían saber», explica. Optó entonces por un método diferente: pensar juntos ciertas escenas, mirar fotos y bucear en recuerdos compartidos. A ese trabajo se sumaron las parejas de sus padres —amigos históricos de la familia—, la amiga de su madre en Uruguay, el médico que atendió a Florencia en el hospital y el rabino que estuvo presente en el momento más crítico. Una constelación de voces que la autora procesó con las herramientas del periodismo: cruce de fuentes, verificación de datos, contrastación de perspectivas.

El libro toma su título de una imagen potentemente simbólica. La referencia al cactus aparece asociada a la imposibilidad de abrazar sin lastimarse, una metáfora de la relación con una herida familiar que durante años no pudo ser tocada. «Mi nacimiento está intrínsecamente ligado al fallecimiento de Florencia y me parecía muy triste que no pudiéramos recordarla ni nombrarla. Florencia no podía ser solo dolor; había algo más», afirma Bendersky, y agrega: «Creo que en ese acercamiento a su historia también había una búsqueda de mi propia identidad, un intento por conocer las coordenadas de mi llegada y entender un poco qué padres me habían tocado».

La autora cita a Sergio del Molino y su libro «La hora violeta», donde el escritor español narra la enfermedad y muerte de su hijo Pablo por leucemia. Del Molino escribió: «Cuanto más nos empeñamos en parecer una familia normal, más extraños nos sentimos». Esa tensión entre la normalidad aparente y el caos subyacente recorre todo el libro de Bendersky. La decisión de los padres de tener otro hijo —ella misma— se tomó en la puerta del sanatorio, antes de ir a enterrar a Florencia. «La primera vez que leí Un cactus en el medio, ya desde el primer capítulo, sentí el pinchazo», escribió Margarita García Robayo sobre el libro. «Una suerte de emoción sin nombre que te sienta frente a un paisaje desprovisto de esperanza, pero plagado de redención».

Las implicancias de esta obra trascienden lo literario. En un contexto cultural donde la «literatura de los hijos» ha ganado terreno —particularmente en relación con las narrativas de la dictadura argentina—, Bendersky propone una variante doméstica, silenciosa: el duelo por quien no se conoció, la pregunta por la identidad de quienes nos precedieron en la tragedia. El libro abre interrogantes sobre cómo las familias procesan —o no procesan— las pérdidas, y sobre qué lugar ocupan los hijos que llegan después de una muerte, a veces concebidos no tanto desde el deseo como desde la necesidad de reparación. «Fui más necesaria que deseada», escribe la autora en un pasaje del libro.

Hoy, Bendersky es coordinadora de producción audiovisual y podcasts en Cenital, el medio fundado por Ernesto Tenembaum y María O’Donnell, y desde 2024 trabaja en C+, el canal de streaming del sitio. «Yo siento que el duelo de Florencia está ocurriendo», dice. «Y estoy muy contenta de que Florencia exista, de que viva en esas páginas, de que haya recuperado su estatus de hija y de hermana». La afirmación esconde una paradoja: Florencia, que existió biológicamente durante siete años, había sido borrada de la conversación familiar. El libro no la resucita, pero le devuelve un lugar en la narrativa. En un mundo que, como señala Bendersky, «pide que estés bien a los cinco minutos», «Un cactus en el medio» es un ejercicio de resistencia: la recuperación del derecho a un duelo que no tiene fecha de vencimiento.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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