Cultura

Desentendimiento: la trama psicoanalítica que explica por qué sabemos la verdad y actuamos como si no existiera

En una época en la que los hechos objetivos coexisten con su negación más descarnada, la pregunta ya no es si la realidad existe, sino qué hacemos con ella cuando la conocemos. La filósofa y teórica del psicoanálisis Alenka Zupancic, figura central de la Escuela de Liubliana junto a Slavoj Žižek y Mladen Dolar, acaba de publicar en castellano «Desentendimiento. Una forma perversa de la razón en la crisis permanente» (Caja Negra, 2026), un ensayo que propone una clave interpretativa para uno de los fenómenos más desconcertantes de la vida contemporánea: la convivencia entre el saber y la inacción.

El punto de partida del libro es la reelaboración de un concepto freudiano que el psicoanálisis había tratado de forma marginal durante décadas: la Verleugnung, traducida al inglés como disavowal y al castellano, hasta ahora, como «renegación», «desmentida» o «desautorización». La decisión de los editores de Caja Negra de traducirla como «desentendimiento» no es arbitraria: apunta a una matriz de comportamiento que consiste en actuar como si no se supiera algo, una suerte de «lavarse las manos» o, en el lenguaje coloquial de la época, un «fingir demencia». La fórmula que condensa este mecanismo proviene del psicoanalista francés Octave Mannoni: «Je sais bien, mais quand même…» —»Ya lo sé, pero aun así…»—. No se trata de negar los hechos, sino de reconocerlos explícitamente para, acto seguido, proseguir como si nada hubiera ocurrido.

Zupancic establece desde las primeras páginas una distinción fundamental entre la represión (Verdrängung) y el desentendimiento. Mientras que la represión implica una expulsión de la realidad del campo de la conciencia —un «no quiero saber nada de eso»—, el desentendimiento opera a través de lo que la autora denomina una «des-realización»: el sujeto percibe un dato objetivo, sabe que existe, pero actúa como si no existiera. El saber, lejos de ser un obstáculo, se integra en una economía psíquica que permite sostener lo problemático sin que ello altere las prácticas ni produzca consecuencias en las acciones. El desentendimiento no es ignorancia: es una forma de saber que se ha vuelto inoperante.

Este mecanismo, advierte la pensadora eslovena, no es un fenómeno exclusivamente individual ni patológico en el sentido clínico tradicional. Por el contrario, se ha convertido en un rasgo estructural de la vida social y política contemporánea. El desentendimiento es, según Zupancic, la característica más determinante de lo que se ha dado en llamar un «mundo postfactual». En este escenario, no es que los hechos hayan desaparecido —no se trata de una suerte de idealismo absoluto— sino que los hechos ya no acarrean el peso de lo real. La realidad de los datos ya no se traduce en consecuencias sobre el mundo. El saber puede circular, difundirse, incluso afirmarse con vehemencia, pero queda neutralizado en su capacidad de interpelar al sujeto.

Un elemento central del análisis de Zupancic es la relación entre el desentendimiento y la estructura del fetichismo. La autora retoma la teoría freudiana del fetiche —ese objeto que sirve como sustituto del pene materno ausente y que permite al mismo tiempo reconocer y negar la castración— para explicar cómo opera la creencia en la esfera pública contemporánea. El fetiche, en la lectura de Zupancic, no solo permite ignorar cierta realidad, sino que instaura una forma de goce activo vinculado a ese ignorar. El «pero aun así» de Mannoni adquiere aquí una dimensión libidinal: el sujeto no solo sabe y actúa como si no supiera, sino que obtiene una satisfacción precisamente de esa contradicción. La creencia desentendida se transfiere a un objeto fetiche que libera al sujeto de toda responsabilidad sobre lo que sabe.

La conexión con el fenómeno de las teorías conspirativas es uno de los puntos más lúcidos del ensayo. Zupancic sostiene que el auge de las narrativas conspirativas que proliferan en el entorno digital no debe entenderse como un simple déficit de información o como un retorno de la irracionalidad. Por el contrario, estas teorías son un ejemplo paradigmático de la lógica del desentendimiento. La autora señala que quienes difunden y consumen teorías conspirativas no ignoran necesariamente los hechos —de hecho, suelen exhibir un conocimiento detallado de la información oficial que luego descartan— sino que los integran en una estructura que los vacía de autoridad. El gesto característico no es «no sé nada de eso», sino «sé muy bien cómo funciona todo, pero aun así sé que me están mintiendo». La información verificada queda atrapada en un circuito donde el saber se convierte en la coartada perfecta para la suspensión de la responsabilidad.

Las implicancias de esta tesis se extienden al terreno político y científico. Zupancic aborda el negacionismo climático como una manifestación del desentendimiento a escala global. Las élites gubernamentales y corporativas —señala la autora— saben que el cambio climático es real, tienen acceso a los informes del IPCC, participan en cumbres internacionales y firman acuerdos, pero continúan operando como si tal conocimiento no existiera. No hay negación del dato, sino una «des-realización» del mismo: se sabe, pero ese saber no produce los efectos que debería producir. El eslogan «ya lo sé, pero aun así» se convierte en el lema tácito de una época que ha encontrado la manera de integrar el conocimiento dentro de una economía que lo vuelve inocuo.

Esta lógica, advierte Zupancic, tiene consecuencias directas sobre la desautorización del discurso científico que se observa en la actualidad. La proliferación de teorías disparatadas y complotistas no es un síntoma de que la gente haya dejado de creer en la ciencia, sino de que el saber científico ha sido desplazado de su función de referente de lo real. Circula, se consume, se cita, pero ya no obliga. El desentendimiento permite que convivan, sin contradicción aparente, la vacuna y la teoría del microchip, el consenso climático y la afirmación de que el calentamiento global es un invento, los datos económicos y la creencia en que la inflación es un complot. La contradicción no se resuelve: se sostiene mediante el fetiche que permite gozar de ella.

El ensayo de Zupancic, publicado originalmente en inglés en 2024 bajo el título «Disavowal» por Polity Press, y ahora traducido al castellano por Candela Potente para la colección Futuros Próximos de Caja Negra, se inscribe en una tradición de pensamiento que combina el rigor del psicoanálisis lacaniano con una aguda lectura de la coyuntura política. La autora, investigadora del Instituto de Filosofía de la Academia Eslovena de Ciencias y Artes y profesora visitante de la Escuela Europea de Graduados, no ofrece recetas ni soluciones fáciles. Su propósito es más bien diagnóstico: nombrar el mecanismo para que pueda ser reconocido.

La conclusión que se desprende del libro es tan incómoda como necesaria: el problema de nuestra época no es la falta de información ni la incapacidad de acceder a ella, sino la transformación del saber en un elemento que, en lugar de interpelarnos, nos permite seguir de largo. El desentendimiento, nos dice Zupancic, no es un fallo del sistema cognitivo: es una forma de la razón —perversa, pero razón al fin— que ha encontrado la manera de convivir con lo real sin que lo real exija nada. En un mundo donde las crisis se suceden en serie —climática, sanitaria, económica, geopolítica— quizás la pregunta más urgente no sea qué sabemos, sino qué estamos dispuestos a hacer con lo que ya sabemos.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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