Cultura

Walter Lezcano: la potencia de la palabra frente al racismo estructural en Argentina

El 22 de julio de 2026, mientras en las redes sociales argentinas ardía el debate sobre el racismo tras la conclusión del Mundial de Fútbol, Walter Lezcano (Goya, Corrientes, 1979) publicaba su libro más íntimo y a la vez más político: ‘Marrón Cabeza’ (Emecé). La coincidencia no es menor. El libro, un ensayo autobiográfico que narra su infancia, retrata a su madre y reivindica el poder emancipador de la lectura, aterriza en un momento en que el país parece dispuesto —aunque sea forzadamente— a mirarse al espejo.

Lezcano, docente de nivel secundario, periodista de Clarín, poeta y novelista, no es un recién llegado a la escena literaria argentina. Autor de títulos como ‘Rubí. Una novelita sobre Babasónicos’ (Gourmet Musical, 2022), ’23 patadas en la cabeza’ (Eloísa Cartonera, 2016) y ‘Luces calientes’ (Tusquets, 2018), construyó una obra que cruza la crítica musical, la narrativa de género y la poesía con un registro siempre atento a las fisuras del orden social. Pero ‘Marrón Cabeza’ representa algo distinto: es la primera vez que Lezcano coloca su biografía en el centro de la escena, y lo hace para interrogarse sobre cómo se construye un lector, un escritor y un ciudadano cuando todas las condiciones materiales juegan en contra.

\n\nEl libro está estructurado en tres partes tituladas ‘Leer’, ‘Escribir’ y ‘Combatir’, que funcionan como ejes de una trayectoria vital que va de la pobreza extrema al descubrimiento de la literatura como refugio y arma. «En el principio de mi viaje con la literatura estuvo esa pista de despegue llamada lectura», escribe Lezcano en la primera sección, donde narra cómo llegó a sus manos, gracias a su madre, el ‘Don Quijote de la Mancha’. «Supe desde entonces que ciertos libros aterrizan en tu vida cuando más los necesitás». Esa revelación temprana se profundiza cuando, años después, descubre ‘El juguete rabioso’ de Roberto Arlt: «Cuando caí en El juguete rabioso me sentí comprendido y en muchos sentidos iluminado por una linterna desde el más allá. ¿Cómo podía ser que este desconocido —Arlt— me conociera tanto tan bien?».

\n\nLa génesis de ‘Marrón Cabeza’ tiene tres puntos de origen, según explica el propio Lezcano en la entrevista con Clarín. El primero fue su deseo de indagar en la historia de su madre, una mujer migrante que «no confiaba en las palabras ni en el diálogo como una forma de conocimiento —algo muy propio de la cultura migrante a la que pertenece; esas madres abnegadas, luchadoras, que hoy se conocen como ‘madres luchonas’ para quienes está muy puesta toda la existencia en el cuerpo y no tanto en la palabra». El segundo origen fue la constatación de que él y sus hermanas tienen tres padres distintos, lo que lo llevó a imaginar un libro titulado ‘Los padres de mi familia’. El tercer impulso llegó de afuera: la escritora y editora Ana Ojeda le propuso pensar un libro que relacionara la lectura y la escritura en contextos adversos. «Se unieron estas tres cosas. Ahí empezó un libro totalmente de cero. Lo único que tenía en claro eran estos tres ejes: leer, escribir y combatir», dice Lezcano.

\n\nLo que hace a ‘Marrón Cabeza’ un libro particular dentro del panorama editorial argentino contemporáneo es su decisión de no ocultar el barro de los zapatos. «Yo no tengo cultura de clase media», declara Lezcano sin ambages. «Me refiero a atribuir a la educación institucional el valor que debería constituirme como ciudadano de primera clase dentro del futuro de un país. Ser parte de la literatura argentina es también hacer ostentación de cierto linaje educativo. El libro tiene exceso de aire: esa sí fue una estrategia consciente. Yo no quería cargarlo de decenas de citas de autores que leí. No quería llenarlo de cultismo; la hipercorrección es una marca de clase porque uno no quiere que se le note el barro de los zapatos, que se descubra el origen». Esta declaración de principios estéticos y políticos resuena directamente con las tesis que el autor viene sosteniendo desde hace años sobre el racismo en Argentina.

\n\nPara Lezcano, el racismo en Argentina no es una excepción ni una importación de fenómenos estadounidenses, sino un problema estructural que opera de manera silenciosa y eficaz. «Argentina no se percibe racista, cree que es algo de EE.UU. y los esclavos. Vos le decís a alguien racista y se ríe. Esa palabra no tiene memoria en Argentina, nadie se sentiría insultado y sin embargo todo el mundo se siente habilitado para decirte ‘negro de mierda’: por enojo, por canto de cancha o porque son planeros», denunció el autor en una entrevista previa. En ‘Marrón Cabeza’, retoma esta línea con mayor profundidad. «El racismo, nos quieren convencer desde todos los frentes, no es un problema argentino —sostiene—. Y esta negación le quita materialidad y consistencia al problema». Ante los cuestionamientos de racismo, agrega, los ciudadanos argentinos optan por la indignación o por «fingir demencia».

\n\nEl libro narra un hecho fundacional que funciona como llave de lectura para todo el relato: la primera vez que Lezcano escuchó la frase «negro de mierda» dirigida a él. Era en la escuela, en un comedor, y a partir de ahí se despliega una cartografía del racismo cotidiano que incluye desde las aulas hasta la vía pública. En su poema ‘La canción que escuché toda mi vida’, el autor ya había explorado este territorio: son tres poemas largos de veinte páginas cada uno que recorren los espacios donde el racismo se manifiesta en Argentina. «Básicamente es todo», dice Lezcano. Su testimonio sobre un episodio reciente ocurrido en el barrio de Monserrat, donde un taxista le gritó «¡dale, negro de mierda, que la calle no es tuya!», ilustra la persistencia y normalización de estas agresiones.

\n\nEn Argentina, los datos del Mapa Nacional de la Discriminación elaborado por el INADI muestran que la dimensión étnico-racial aparece como el principal tipo de discriminación por color de piel, nacionalidad y situación socioeconómica. Las provincias del norte, como Chaco, Salta, Santiago del Estero y Tucumán —región de la que Lezcano es oriundo— concentran los índices más altos de discriminación por pobreza. El relato de Lezcano se inscribe en esta estadística viva, pero la transforma al convertir el insulto en «un valor, un desafío, un objeto valorado, una forma de utilizar la fuerza del enemigo para combatirlo».

\n\n»Marrón cabeza» usa el insulto como estandarte. «Hoy en día, la palabra ‘marrón’ se volvió un insulto que uno escucha en la calle y lee en las redes; es una adaptación del racismo en la Argentina», explica. Al apropiarse del término para nombrar su libro, Lezcano realiza un gesto de resignificación política que recuerda a otras reapropiaciones históricas de epítetos racistas en distintas culturas. Pero su operación es más sutil: no se trata solo de revertir el estigma, sino de mostrar cómo funciona la maquinaria de producción de la desigualdad desde la infancia.

\n\nLa respuesta de su madre al leer el libro funciona como un cierre emotivo de este ciclo narrativo. «Mi vieja fue la primera persona a la que le llevé un ejemplar. Somos una familia de pocas palabras afectivas entre nosotros. Me agradeció el libro y me mandó un mensaje que dice: ‘Rebién el libro'», cuenta Lezcano. La frase, con su sintaxis popular y su afectividad contenida, condensa todo lo que el libro intenta capturar: la dificultad del diálogo intergeneracional, el amor que se expresa en acciones antes que en palabras, y la posibilidad de que la literatura abra canales donde antes solo había silencio.

\n\n’Marron Cabeza’ se inscribe así en una tradición de literatura autobiográfica argentina que va de ‘Una excursión a los indios ranqueles’ de Lucio V. Mansilla hasta ‘La lengua del malón’ de Perla Suez, pero con una diferencia sustancial: Lezcano no escribe desde la distancia etnográfica ni desde la nostalgia, sino desde la urgencia del presente. Su libro es, al mismo tiempo, un testimonio de supervivencia, un manual de lectura para adolescentes en contextos adversos y una intervención política en el debate sobre el racismo que Argentina todavía no termina de asumir.

\n\nEn la entrevista con Clarín, Lezcano cita a Mario Levrero: «No me fastidien con el estilo ni con la estructura (…) me estoy jugando la vida». Esa frase podría ser el epígrafe de toda su obra. Porque ‘Marrón Cabeza’ no es solo la historia de un escritor que logró salir de la pobreza gracias a los libros; es la demostración de que la literatura puede ser, en palabras de su autor, una «categoría de realidad», un modo de estar en el mundo que no distingue entre el tiempo de leer y el tiempo de vivir. «Para mí la vida es leer y la vida es escribir», sentencia. Y en esa fusión, la palabra escrita deja de ser un lujo de clase media para convertirse en lo que siempre fue: una herramienta de supervivencia.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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