Cultura

Laura Devetach y el peso de las palabras: a los 90 años, la leyenda de la literatura infantil que desafió a la dictadura con sus cuentos

Hay un instante en el que la literatura deja de ser un pasatiempo y se convierte en un documento de época. Ese instante ocurre cuando Laura Devetach, sentada en el departamento de Once que compartió durante más de cuarenta años con Gustavo Roldán, toma entre sus manos los platitos ilustrados con personajes de sus cuentos y dice: ‘Las palabras son armas y hoy se necesitan más que nunca’. La frase no es una metáfora vacía. En la Argentina de 2026, donde la crisis económica y social mantiene a miles de familias en las calles recolectando cartón, la obra de esta escritora de 89 años —que el próximo 5 de octubre cumplirá 90— adquiere una dimensión que trasciende lo literario para instalarse en el terreno de la crónica social.\n\nNacida en Reconquista, provincia de Santa Fe, en 1936, Devetach es hija de un inmigrante esloveno carpintero y una madre argentina que se dedicaba al tejido y la costura. Creció en un pueblo donde, según recuerda, ‘en los años cuarenta había convivencia entre los pobres y los llamados ricos, una cercanía. Hoy se rompió del todo’. Esa fractura social es el núcleo invisible que atraviesa toda su obra, pero que emerge con crudeza en su más reciente novela, ‘Run Run’ (Siglo XXI), un libro con tapa de cartón que transcurre en las mismas calles de Once donde la autora vive desde que llegó a Buenos Aires en 1976, huyendo de la persecución política.\n\nEl contexto de aquella mudanza forzada es clave para entender la densidad de su figura. En 1979, durante la dictadura cívico-militar argentina autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, su libro ‘La torre de cubos’ fue prohibido por decreto provincial en Santa Fe (número 480/79), y luego en Buenos Aires, Mendoza y finalmente en todo el país. El argumento oficial sostenía que el libro presentaba ‘distorsas y giros de mal gusto, simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético, ilimitada fantasía, carencia de estímulos espirituales y trascendentes’. Además, agregaba, ‘el libro critica la organización del trabajo, la propiedad privada y el principio de autoridad’. Para la dictadura, la fantasía era un peligro. Para Devetach, era la única forma posible de narrar la realidad.\n\n’Run Run’ no surgió de un encargo editorial ni de una decisión racional. Como explica la autora, ‘nunca sé qué voy a escribir. Nunca me siento a decir: «Ahora voy a hacer una novela». Las historias aparecen como aparecen los sueños’. La novela cuenta la historia de dos hermanos que recorren el barrio de Once empujando un carro, una imagen que Devetach fue construyendo durante años a partir de lo que llama sus ‘papelitos’: frases anotadas a las apuradas, conversaciones escuchadas en la calle, imágenes que todavía esperan encontrar un cuento. Esos fragmentos —guardados en carpetas que descansan sobre la mesa de su living— funcionan como un archivo vivo de la realidad urbana. ‘Observo mucho a los cartoneros: cómo trabajan, cómo hablan, cómo se organizan. Hoy salen familias enteras; están los chicos, los abuelos, las mujeres. Es una realidad muy dura y justamente por verla todos los días uno corre el riesgo de dejar de verla’, afirma.\n\nLa invisibilización de los cartoneros es, para Devetach, el síntoma más doloroso de la ruptura social argentina. ‘Se vuelven invisibles. Y eso es lo más doloroso’, dice. En ‘Run Run’, esa invisibilidad se confronta con la mirada literaria: la novela muestra una ciudad que convive con esas personas pero muchas veces sin mirarlas, un mecanismo de exclusión que la autora conoce bien porque lo observa desde la ventana de su departamento, en el mismo barrio que retrata.\n\nEl personaje de don Efraín, que vive en una especie de palacio ambulante, es uno de los más singulares de la novela. Devetach explica que surgió de una noticia que leyó cuando era adolescente y ‘nunca se me borró’. Ese dato persistió durante décadas hasta encontrar su lugar en la historia. ‘Mi papá, que era inmigrante italiano y había visto mucho, me decía: «Eso no es nada, vos no sabés las cosas que pueden pasar». Me parecía que eso tenía que estar en los libros para chicos porque a mí me sirvió enterarme; me dio otra imagen del mundo y me preparó para saber contra qué pelear’, recuerda.\n\nLa obra de Devetach no puede entenderse sin la figura de Gustavo Roldán, su compañero de vida y de escritura, fallecido en 2012. Ambos fueron una dupla central en la renovación de la literatura infantil argentina, junto a nombres como María Elena Walsh, Graciela Montes, Ema Wolf, Ricardo Mariño y Elsa Bornemann. Juntos crearon colecciones como ‘Del Pajarito Remendado’, ‘Libros del Malabarista’ y ‘Los Fileteados’, y editaron la revista ‘La Mancha, Papeles de Literatura Infantil’. En las paredes del departamento de Once, las fotos de papel llenas de abrazos, sonrisas y viajes son el testimonio mudo de una vida compartida. ‘La mayoría de mis amigos, los que están en esta pared, ya no están. Me gusta recordarlos así’, dice señalando las imágenes.\n\nSu formación académica —es Licenciada en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba— y su extensa trayectoria docente (en niveles primario, medio, terciario y universitario) le dieron una perspectiva teórica que pocos escritores de su generación poseen. Ha reflexionado sobre el proceso creativo en libros como ‘Oficio de palabrera’ y ‘La construcción del camino lector’, donde sostiene que la literatura infantil debe ser literatura en sí misma, no un mero material educativo. Esta postura la enfrentó tanto a la censura de la dictadura como a las lógicas del mercado editorial.\n\nEl reconocimiento internacional llegó de forma consistente: Premio Casa de las Américas (1975) por ‘Monigote en la arena’, Premio Fondo Nacional de las Artes, Premio Octogonal del Centre International d’Études en Littérature de Jeunesse en Francia, Premio Konex 2004, Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil (2010), y la candidatura argentina al Premio Hans Christian Andersen en 2016, el más prestigioso de la literatura infantil mundial. En 2023, la CONABIP la declaró ‘Amiga de las Bibliotecas Populares’.\n\nA sus 89 años, Devetach sigue trabajando con el mismo método artesanal que la ha acompañado toda la vida. ‘Anoto una frase, una imagen, y cuando abro una de las carpetas empiezo a unir esas piezas como si armara un rompecabezas. Recién cuando llevaba unas treinta páginas entendí que aquello era una novela’, explica. Ese proceso, que ella misma define como ‘runrún’ —el rumor interior de las ideas que dan vueltas durante años— es la médula de una obra que ha sabido convertir la observación callejera en literatura crítica.\n\nLa vigencia de su obra en el contexto actual no es casual. En un país donde la crisis económica ha multiplicado la cantidad de familias que salen a cartonear, donde la fantasía sigue siendo vista por algunos sectores como un lujo o incluso una amenaza, la propuesta de Devetach —tomar la palabra como herramienta de denuncia y resistencia— resuena con una fuerza inusitada. No se trata de literatura militante en el sentido panfletario, sino de una escritura que elige mirar lo que otros deciden ignorar. Como ella misma dice: ‘Las palabras son armas y hoy se necesitan más que nunca’. En el silencio de su departamento de Once, entre las fotos de los que ya no están y las carpetas repletas de futuro, esa afirmación no suena a declaración grandilocuente. Suena, más bien, a constatación inevitable.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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