Cultura

Introducción a la amistad: la voz dúplice de Gallina y Moscardi que desafía el silencio literario sobre los vínculos entre varones

Durante décadas, la literatura ha consagrado páginas enteras al amor romántico, a la filiación paterno-filial y a la soledad del héroe moderno. Sin embargo, la amistad entre varones —ese vínculo escurridizo que no encaja en los moldes del deseo erótico ni en los del mandato patriarcal— ha permanecido en los márgenes de la indagación narrativa y teórica. Esa ausencia es el punto de partida de «Introducción a la amistad», el nuevo libro de Andrés Gallina y Matías Moscardi publicado por Vinilo Editora, un sello que se ha especializado en libros de no ficción creativa de formato pequeño que, según su propia definición editorial, «funcionan como cortes, como una canción».

La obra, que se inscribe en la tradición de escritura colaborativa que ambos autores vienen desarrollando desde 2016 —cuando publicaron «Diccionario de separación. De Amor a Zombi» (Eterna Cadencia Editora), seguido de «Guía maravillosa de la costa atlántica» (Penguin Random House, 2022) y «Museo del Beso» (Reservoir Books)—, propone un ejercicio de fusión autoral en el que las identidades individuales se diluyen para dar paso a una única voz narrativa. La decisión no es arbitraria: al borrar las marcas de autoría individual, Gallina y Moscardi convierten el propio acto de escribir a cuatro manos en una metáfora performática de la amistad que el libro intenta retratar.

Andrés Gallina nació en Miramar en 1983. Es doctor en Historia y Teoría de las Artes por la Universidad de Buenos Aires, investigador del CONICET y docente en la UBA, donde se desempeña como Jefe de Trabajos Prácticos de Historia del Teatro. Su tesis doctoral, publicada por el Instituto Nacional del Teatro bajo el título «La comunidad desconocida. Dramaturgia argentina y exilio político (1974-1983)», obtuvo el Primer Premio Internacional de Ensayo Teatral en 2015, otorgado por el INBAL de México. Fue director de publicaciones del Teatro Nacional Cervantes entre 2017 y 2019, y dirige junto a Eugenia Pérez Tomas el sello editorial Bosque Energético.

Matías Moscardi, por su parte, nació en Mar del Plata. Es doctor en Letras, investigador adjunto del CONICET y docente en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Su obra poética y narrativa incluye títulos como «Bruma» (Vox, 2012), «Las cosas» (Clase Turista, 2014), «¡El Gran Deleuze! Para pequeñas máquinas infantes» (Beatriz Viterbo, 2021), «Diario de limpieza» (Bosque Energético, 2023) y «Marina Maravilla y el fabuloso Dojo Literario de Katsumoto Hagakure» (AZ, 2024). Es, además, colaborador habitual de la Revista Anfibia.

La escritura de «Introducción a la amistad» —cuyo título remite deliberadamente a un manual o un tratado introductorio, en un gesto de falsa erudición que desarma cualquier solemnidad— se estructura en once capítulos breves. Allí, la amistad masculina aparece como telón de fondo o como primer plano de situaciones que van desde la infancia hasta la adultez temprana, surcadas por referencias geográficas precisas: cartas enviadas desde Miramar a una novia, la búsqueda de un kiosco de diarios en la calle Jara de Mar del Plata, la mención de la firma Piantoni Hermanos, emblema comercial de la ciudad balnearia. Quien narra parece ser uno solo, desdoblado en diferentes historias y zonas que, sin embargo, permanecen cercanas entre sí por la textura emocional que las atraviesa.

Uno de los relatos más potentes del libro es el dedicado al «amigo volátil»: aquel con quien se comparten recorridas en bicicleta durante tres veranos, diálogos a través de walkie-talkie y la obsesión por imitar las piruetas de «Los bicivoladores» vistas en VHS. Esa amistad se desvanece de manera abrupta y definitiva por una razón que el narrador registra con precisión quirúrgica: la familia del otro chico simplemente dejó de veranear en el mismo lugar. No hay conflicto, no hay traición ni pelea; la amistad se extingue por pura contingencia geográfica, lo que la vuelve, paradójicamente, más real y más punzante que cualquier drama construido.

En «Game over», el libro explora otra modalidad del vínculo masculino: la amistad pragmática y silenciosa que se sostiene con «movimientos de cabeza o arqueos de ceja» en un local de «fichines» —como se denominaba en los años ochenta a los salones de videojuegos en Argentina—. El otro protagonista de este episodio es bautizado como «El Niño sin Nombre», y la comunicación entre ambos se reduce a lo mínimo indispensable para coordinar partidas compartidas. Nuevamente, la amistad se volatiliza de un día para otro. Pero los recuerdos, anota el narrador, «brillan hasta el día de hoy». Esa insistencia en la luminosidad del recuerdo frente a la fugacidad del lazo concreto es una de las constantes del libro.

Otro capítulo aborda la pasión compartida por los extraterrestres, que se desinfla de golpe cuando el periodista «Chiche» Gelblung —figura icónica de la televisión argentina— ofrece su ya célebre «cátedra» en pantalla. La ironía no es menor: el vínculo entre dos amigos se resquebraja no por un desacuerdo profundo, sino por la intromisión de un discurso televisivo que desactiva la fantasía compartida. La televisión, lejos de ser un mero telón de fondo, ocupa el centro de otro relato en el que una videocasetera proyecta tragedias narradas en clave de ficción. La escena transcurre en una casa del Bosque Peralta Ramos, y el cierre —el llanto de un chico, la voz de una madre preocupada— revela cómo los medios masivos pueden ser vectores de una violencia simbólica que impacta incluso en los vínculos más íntimos.

El deporte también comparece en estas páginas. Hay un futuro prometedor en el fútbol, cimentado desde las inferiores del Club Atlético Miramar, con incursiones en clubes importantes de Buenos Aires y un proyecto que se desinfla ante la mirada silenciosa y comprensiva de un amigo. La figura del amigo como testigo del fracaso —no como consolador retórico, sino como presencia muda que valida la experiencia— es otra de las capas que el libro explora con precisión. Y están los celos, ese territorio que la cultura suele reservar para el amor de pareja pero que irrumpe también cuando otro varón ingresa en la órbita afectiva: una fisura en la amistad que los autores no eluden.

La potencia de «Introducción a la amistad» reside en su capacidad para nombrar aquello que rara vez se dice sobre los vínculos entre varones: la fragilidad, la dependencia afectiva no erotizada, la violencia silenciosa de la separación no dicha, el duelo por amistades que se desvanecen sin mediar palabra. En un contexto cultural donde la masculinidad hegemónica sigue operando como un dispositivo de invisibilización de la vida emocional masculina, el libro de Gallina y Moscardi funciona como un contra-relato que no necesita apelar a conceptualizaciones teóricas ni a citas de autoridad para perforar esa superficie. No hay rastros de Derrida, Foucault ni Deleuze en estas páginas —aunque Moscardi, autor de «¡El Gran Deleuze! Para pequeñas máquinas infantes», podría haberlos convocado—. Hay, en cambio, una decisión deliberada de construir inteligencia desde la sencillez, de hacer de la anécdota un instrumento de indagación filosófica sin perder el tono de conversación entre amigos.

Vinilo Editora, fundada por Joana D’Alessio y Mauro Libertella, ha construido su catálogo en torno a libros que «utilizan todos los recursos de la ficción, pero siempre asumiendo un compromiso con la no ficción». «Introducción a la amistad» es un ejemplo paradigmático de esa poética editorial: un libro ligero sin ser superficial, que funciona también como un diario de infancia y adolescencia de los autores, y que logra, en sus escasas páginas, abrir una puerta hacia una conversación que la literatura argentina contemporánea —salvo excepciones— ha postergado. En un año editorial que también traerá «Amigos» de Sylvia Molloy (Eterna Cadencia Editora), otro libro póstumo consagrado al mismo tema, el gesto de Gallina y Moscardi adquiere un valor adicional: el de pensar la amistad no como un complemento de la vida sino como su materia prima fundamental.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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