Espectáculos

La Odisea de Nolan: por qué Homero sigue siendo tendencia 3.200 años después, una guía para los que no tienen ni idea de mitología griega

Christopher Nolan estrena el 16 de julio La Odisea, filmada íntegramente con cámaras IMAX 70 mm, un hito técnico que ningún largometraje narrativo había conseguido hasta ahora. La premiere en Londres ya dejó reacciones casi unánimes de asombro y salas agotadas semanas antes del estreno.

Las búsquedas de «Odisea» en la Argentina crecieron un 150% en la última semana respecto del mismo período del año pasado. Y los nombres que más despertaron interés fueron Zendaya, Anne Hathaway y… Helena de Troya.

Como pasa siempre que alguien toca un clásico, también apareció la polémica por el casting en redes. No es el tema de esta nota. La pregunta es otra: cómo un poema de 3.200 años que nunca dejó de circular en la cultura puede volver a ocupar de repente el centro de la escena.

También vale la pena señalar que «héroe» en Homero no se parece en nada a superhéroe. Los héroes de la Guerra de Troya eran llamados así por ser hombres libres de estatus lo bastante alto como para tener armas y pelear: ser héroe era en el fondo un privilegio de clase. No es superior ni mágico: es cualquiera que se destaca.

Ni siquiera Odiseo quería ir a Troya: se hizo pasar por loco para evitarlo, aunque no le sirvió de nada. Y lo que persiguen en el fondo no es la gloria sino el «nóstos», el regreso a casa -la palabra griega que le dio origen a «nostalgia»-.

«La Odisea hace heroico un regreso: los diez años en Troya y los diez que tarda Odiseo en volver a Ítaca, su casa», explica Esteban Bieda, investigador del Conicet y docente de la Universidad de Buenos Aires especializado en filosofía y literatura antiguas. «El héroe sin poderes extraordinarios se enfrenta con su astucia a bestias extraordinarias.»

Como en El gran truco (The Prestige), donde Nolan convierte el engaño en parte del espectáculo, también en La Odisea el verdadero poder está en el artificio. Bieda, autor de Aristóteles y la tragedia (Altamira 2008), explica que Ulises no vence al cíclope Polifemo a los golpes: lo vence con una trampa de lenguaje. Le dice que se llama «Nadie», una palabra que en griego suena prácticamente igual que «Odiseo»: le revela y le oculta al mismo tiempo quién es. El mejor truco. Después lo emborracha, le clava una estaca en el único ojo y escapa mientras el gigante grita a los otros cíclopes que «Nadie» lo está atacando -y por supuesto «nadie» acudirá a ayudarlo.

Bieda va incluso más lejos: «La barbarie que Homero les asigna a los cíclopes no es solo que sean brutos, sino que ‘no hacen asambleas’ para discutir sus decisiones, el embrión mismo de la democracia. Ocho siglos antes de que Aristóteles dijera que el ser humano es un animal político, Homero ya lo estaba narrando».

Si hay un personaje que esta nueva versión pone bajo una luz distinta -con Anne Hathaway interpretándola- es Penélope, la esposa de Odiseo. Durante veinte años, mientras su marido lucha en Troya y vaga por el Mediterráneo, ella teje y desteje un sudario para engañar a los pretendientes que la acosan. No espera pasivamente: resiste activamente, usando la misma astucia que su esposo. La narrativa homérica no la reduce a víctima ni a objeto: la convierte en estratega de su propio destino.

La conexión con el presente es inevitable. En una era de desinformación y crisis de representación, el mito del «Nadie» que engaña al poder resuena con fuerza. Odiseo, como Nolan, usa el artificio para sobrevivir y contar una historia. La Odisea no es solo un poema épico: es un manual de resistencia, astucia y nostalgia que 3.200 años después sigue siendo tendencia porque habla de lo que somos: seres que luchan por volver a casa, aunque tengan que mentir para lograrlo.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *