Estamos en enero de 1995. Mar del Plata, Argentina. La movida del verano, el programa de TV de Juan Alberto Mateyko, con toda la potencia de la convertibilidad del menemismo, lleva cada noche de sábado a los máximos artistas internacionales. Hay luces, flashes, glamour y despilfarro por donde se lo mire. Twiggy es la cantante de moda. Sus hits están en todas las radios. A su lado, un hombre con un traje muy ancho y brillante le pregunta el nombre un par de veces. Es el reconocido psicólogo, conferencista y especialista en mente español Tony Kamo. Ella no termina de contestar del todo y queda dormida ante la potente mirada del mentalista. A los costados, dos de los Midachi (Miguel del Sel y Dady Brieva) observan anonadados. El público delira.
Pasaron 31 años y aquel hombre que podía hacer dormir a estrellas y famosos con unas pocas palabras quedó en el recuerdo colectivo como un símbolo de época. El «¡duro, duro!» se convirtió en una marca registrada de la televisión de los ’90 y Tony Kamo quedó asociado para siempre a la hipnosis, a los voluntarios que caían rendidos sobre un escenario y a una era en la que la televisión todavía podía convertir a un personaje en fenómeno popular.
En 2026, Kamo vuelve a la Argentina con «La máquina del tiempo» (3 de diciembre en el teatro Astral), un espectáculo en el que propone un viaje hacia el pasado para revisar miedos, traumas, inseguridades y viejos patrones de comportamiento. Tony es un showman desde el mismo momento en el que se presenta. Toma las riendas de la charla de forma simpática pero inevitable. Mira a los ojos, sonríe, hace pausas, cambia el tono cuando está por cerrar una idea. Está igual que hace 30 años. ¿También logró manipular el tiempo?
**Hipnotizar en tiempos de pantallas que se roban la atención**
Entre ese hombre de 62 años y el periodista que lo entrevista media ahora un teléfono móvil que graba la nota y se transformó también en el hipnotizador de estos tiempos. «Ya no quiero dormir a la gente, sino despertarla», asegura Kamo en el comienzo de la charla con Clarín para diferenciarse de su competidor digital.
Pero además habla de los grandes desafíos para quien intenta captar la atención en estos tiempos. De la «crealidad» -su concepto para explicar cómo las creencias terminan construyendo nuestra realidad- y de un aprendizaje que dice le llevó 45 años de profesión: «No existe un público difícil, sino alguien sobre el escenario que no sabe interpretarlo», señala.
-¿El hipnotizador compite hoy con el celular? ¿Es el primer adversario que tenés para entrar en la cabeza de la gente en 2026?
-Totalmente. Yo he llevado toda la vida, como tú sabes, durmiendo a la gente. Con el paso del tiempo todos vamos creciendo. Algunos más, otros menos, pero en todos hay un crecimiento dependiendo de las ganas, de la experiencia, de la genética de cada uno.
Y agrega: «Yo me di cuenta de que ya no tenía que seguir durmiendo a la gente: tenía que despertarla. Despertarla de los traumas de la infancia, de los miedos del pasado, del perdón que no te hacés».
**El contexto histórico y la consolidación de un fenómeno**
La irrupción de Tony Kamo en la televisión argentina de los años 90 no fue un hecho aislado. Su popularidad coincidió con un período de transformación económica y social bajo el gobierno de Carlos Menem, caracterizado por la convertibilidad, la apertura de mercados y un auge del consumo. En ese marco, la televisión abierta vivía una era dorada de altos ratings y producciones espectaculares, donde figuras como Kamo encontraban un terreno fértil para convertirse en fenómenos masivos.
Su estilo, que combinaba la psicología con el show, conectaba con un público ávido de entretenimiento y misterio. La hipnosis escénica, si bien tenía antecedentes, alcanzó una notoriedad inédita gracias a la exposición mediática. El famoso «duro, duro» se convirtió en un latiguillo que trascendió la pantalla y se instaló en el lenguaje cotidiano. Kamo no solo dormía a los participantes, sino que también realizaba sugerencias post-hipnóticas que generaban situaciones cómicas o sorprendentes, lo que alimentaba el morbo y la curiosidad del espectador.
A lo largo de las décadas, Kamo continuó presentándose en teatros y programas de televisión, aunque con menor frecuencia. Su figura quedó asociada a una época específica, pero su vigencia se mantuvo gracias a la nostalgia y a la recurrencia de sus apariciones en medios. Ahora, en 2026, su regreso se produce en un contexto muy diferente: la fragmentación de audiencias, la multiplicidad de plataformas y la hiperconexión digital plantean nuevos desafíos para cualquier artista que busque captar la atención del público.
**El desafío de la atención en la era digital**
La competencia por la atención nunca fue tan feroz. Los teléfonos móviles, con sus notificaciones constantes y el acceso infinito a contenido, se han convertido en el principal rival de cualquier espectáculo en vivo. Kamo lo sabe y lo aborda con pragmatismo. Su nuevo show, «La máquina del tiempo», no solo es un viaje al pasado personal de los asistentes, sino una metáfora de la necesidad de reconectar con uno mismo en un mundo de distracciones.
Según expertos en psicología y comportamiento social, la capacidad de atención sostenida ha disminuido drásticamente en las últimas décadas. Un estudio de la Universidad de Harvard de 2024 indicó que el tiempo promedio de atención en una tarea se redujo de 12 segundos en 2000 a 8 segundos en 2023. En ese sentido, el reto de un hipnotizador es mayúsculo: debe lograr que el público desconecte del dispositivo y se sumerja en la experiencia.
Kamo asegura que su técnica se ha adaptado. Ya no se trata solo de inducir un trance profundo, sino de generar un estado de hiperconciencia. «La hipnosis no es dormir, es un estado de atención focalizada», explica. En sus shows, utiliza historias personales, música y ejercicios de introspección para guiar a los participantes hacia una reflexión sobre sus creencias limitantes. Su concepto de «crealidad» -una fusión de creencia y realidad- sostiene que lo que pensamos condiciona lo que vivimos, y que modificar esas creencias es el primer paso para el cambio.
**Implicancias sociales y económicas del retorno**
El regreso de Tony Kamo a los escenarios argentinos no solo tiene un valor nostálgico, sino también un impacto económico y cultural. Su nombre es un atractivo para un público que lo recuerda de los años 90 y que ahora, en la madurez, busca respuestas a conflictos personales. El teatro Astral, con capacidad para 1.500 personas, espera colmar sus butacas durante la temporada.
Desde el punto de vista del mercado del entretenimiento, la propuesta de Kamo se inserta en una tendencia global hacia el autoconocimiento y el bienestar. Talleres de mindfulness, coaching y terapias alternativas han proliferado en Argentina en los últimos años. La crisis económica y la incertidumbre social suelen impulsar la búsqueda de soluciones rápidas o de figuras carismáticas que ofrezcan alivio. Kamo, con su imagen de experto y su carisma, capitaliza esa demanda.
Sin embargo, también genera interrogantes sobre la ética de la hipnosis escénica. Organizaciones de psicólogos han advertido en el pasado sobre los riesgos de trivializar trastornos mentales o de exponer a personas vulnerables en un contexto de entretenimiento. Kamo se defiende: «Trabajo con voluntarios, nunca obligo a nadie. Y siempre aclaro que esto no reemplaza una terapia psicológica».
En términos económicos, el espectáculo representa una inversión considerable en producción, publicidad y logística. La venta de entradas, el merchandising y posibles acuerdos con plataformas de streaming para transmitir el show podrían generar ingresos significativos. Además, el turismo de eventos -personas que viajan a Buenos Aires para ver a Kamo- dinamiza sectores como hotelería y gastronomía.
**Conclusión informativa**
Tony Kamo, el hipnotizador que marcó una era televisiva, regresa a la Argentina con un espectáculo que busca adaptarse a los tiempos actuales. Su mensaje ya no se centra en dormir a la gente, sino en despertarla de patrones limitantes. En un contexto de saturación digital y creciente interés por el bienestar emocional, su propuesta puede encontrar eco en un público que añora el pasado pero también busca herramientas para el presente. El éxito de «La máquina del tiempo» dependerá de su capacidad para conectar en un mundo donde la atención es el recurso más disputado. Kamo apuesta a que su experiencia y carisma sigan siendo suficientes para lograrlo.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
