Delfeayo Marsalis, el reconocido trombonista de Nueva Orleans y hermano menor de las leyendas del jazz Branford y Wynton Marsalis, regresa a Buenos Aires después de tres años para actuar junto al Tango Jazz Quartet (TJQ) del saxofonista Gustavo Firmenich. Las presentaciones se llevarán a cabo el sábado 9 y el domingo 10 de octubre a las 20 y 22 horas en La Carbonera, ubicada en el barrio de San Telmo. En una entrevista telefónica con Clarín, Marsalis expresó su entusiasmo: ‘Me siento muy bien y mucho más seguro para tocar tango, estoy deseoso de llegar a Buenos Aires’. La colaboración, que nació de una sociedad creativa entre el trombonista y el cuarteto argentino, promete un encuentro musical desafiante pero divertido, según el propio artista.
El repertorio de estos conciertos incluirá material nuevo. Marsalis compuso dos temas especialmente para la ocasión: ‘Yes I See The Light’ y ‘The Valley of Prayers’. Ambos están dedicados al aniversario de la llegada de los primeros africanos a los Estados Unidos. ‘Tenemos material nuevo para estos shows. Gustavo propuso algunas nuevas canciones y por mi parte compuse dos temas. Va a ser desafiante pero divertido al mismo tiempo con estas nuevas canciones’, señaló Marsalis. El músico destacó la atmósfera de Buenos Aires y la calidez de su gente, comparándola con la de su ciudad natal: ‘Me gusta mucho la atmósfera que hay en Buenos Aires y siento a su gente muy próxima como si estuviese en Nueva Orleans’.
La inspiración detrás de las nuevas composiciones de Marsalis radica en una relectura de la historia afroamericana. En sus propias palabras: ‘Me gusta mucho la historia, soy un fan de ella y siempre quiero dar mi propia interpretación. El desafío para la comunidad negra es que siempre se ha contado una parte de la historia; la cuenta el poder dominante y nos ubican como una comunidad triste y avasallada, que en parte es verdad, pero que no es la única realidad de nuestra comunidad, que también es creativa, alegre y muy fuerte como lo ha demostrado siempre’. Marsalis subraya un aspecto poco conocido: los primeros africanos que llegaron a Norteamérica no fueron esclavizados de inmediato, ya que los colonos aún no habían establecido las leyes para ello. Además, a diferencia de la mayoría de los colonos, los africanos poseían destrezas en caza, agricultura, medicina herbaria y uso de especias en la cocina, habilidades que salvaron a los colonos de morir de hambre. ‘Solemos asociar a los afroamericanos con la esclavitud porque eso encaja con la narrativa nacional, pero existe una larga historia de personas que fueron libres, que obtuvieron su libertad, que tuvieron negocios y que encontraron la manera de prosperar dentro de un sistema corrupto. Son una minoría, por supuesto, pero existen. Veo a la comunidad negra de manera muy similar hoy en día. Existen desafíos evidentes, pero siempre encontramos la forma de superar la situación. ¡Al igual que en el jazz, los afroamericanos saben cómo sobrevivir en los momentos más difíciles!’, afirmó.
La conexión entre Nueva Orleans y Buenos Aires es un tema recurrente en la carrera de Marsalis. El trombonista percibe una afinidad profunda entre el tango y la música de Nueva Orleans, ambas expresiones culturales nacidas de la mezcla de tradiciones africanas, europeas y criollas. ‘Hay una enorme afinidad entre el tango y la música de Nueva Orleans’, sostuvo. Esta similitud se manifiesta en el uso de instrumentos como el trombón y el saxofón, y en la improvisación como elemento central. El Tango Jazz Quartet, liderado por Gustavo Firmenich, ha sido un vehículo para explorar estas intersecciones desde hace años. La agrupación argentina ha colaborado con músicos internacionales y ha llevado el tango-jazz a escenarios de todo el mundo.
El contexto histórico de la relación entre Nueva Orleans y Buenos Aires refuerza esta conexión. Nueva Orleans, fundada por franceses en 1718, se convirtió en un crisol de culturas donde los esclavos africanos aportaron ritmos y melodías que eventualmente darían forma al jazz. Buenos Aires, por su parte, recibió una enorme influencia de la inmigración europea y africana, que junto con las tradiciones gauchas y criollas, dio origen al tango a finales del siglo XIX. Ambas ciudades comparten un espíritu de resistencia cultural y una capacidad de reinventarse a través de la música. En ese sentido, la colaboración entre Marsalis y el TJQ no es solo un encuentro artístico, sino un diálogo entre dos historias paralelas de diáspora y creatividad.
La trayectoria de Delfeayo Marsalis está marcada por su versatilidad y su compromiso con la educación musical. Nacido en 1965 en Nueva Orleans, estudió en el Berklee College of Music y ha trabajado con artistas como Ray Charles, Art Blakey y Max Roach. Además de su carrera como trombonista, es productor, compositor y educador. Ha liderado talleres y programas para jóvenes músicos, promoviendo el legado del jazz como herramienta de transformación social. Sus hermanos, Branford y Wynton, son figuras centrales del jazz contemporáneo, y juntos han sido defensores de la preservación de la cultura de Nueva Orleans. La familia Marsalis es considerada una de las dinastías más influyentes en la música estadounidense.
El Tango Jazz Quartet, por su parte, se ha destacado por su enfoque innovador. Fundado por Gustavo Firmenich, el grupo integra el bandoneón, el piano, el contrabajo y el saxofón, y ha colaborado con músicos como Paquito D’Rivera y Pablo Ziegler. Su música fusiona la estructura rítmica del tango con la armonía y la improvisación del jazz, creando un lenguaje propio. La asociación con Marsalis surgió hace varios años, cuando el trombonista visitó Buenos Aires y se sintió atraído por la escena local. Desde entonces, han realizado giras y grabaciones conjuntas.
Las presentaciones en La Carbonera, un espacio cultural emblemático de San Telmo, serán una oportunidad para escuchar en vivo las nuevas composiciones y los arreglos de tangos clásicos. La Carbonera es conocida por su acústica y su ambiente íntimo, lo que permite una conexión cercana entre el público y los músicos. Las funciones del sábado 9 y domingo 10 a las 20 y 22 horas prometen agotar localidades, dado el interés que generan estos encuentros transcontinentales.
En un contexto global donde la música se ha convertido en un puente entre culturas, la colaboración entre Marsalis y el TJQ adquiere una relevancia especial. No se trata solo de fusionar géneros, sino de reconocer las raíces comunes y las historias compartidas entre África, Europa y América. La música afroamericana y el tango son dos expresiones que nacieron de la opresión y la resistencia, y que hoy se celebran como patrimonios de la humanidad. En ese sentido, el concierto es también un acto de memoria y de celebración de la resiliencia.
La comunidad negra en Estados Unidos, tema central de las nuevas composiciones de Marsalis, atraviesa un momento de visibilidad y desafíos. A pesar de los avances en derechos civiles, persisten desigualdades sistémicas en educación, vivienda, justicia y salud. Marsalis, a través de su música, busca ofrecer una narrativa alternativa que destaque la creatividad, la alegría y la fortaleza. ‘Siempre encontramos la forma de superar la situación’, dice, resumiendo una filosofía de vida que resuena tanto en el jazz como en el tango.
La expectativa por estos conciertos es alta. Los seguidores de Marsalis y del TJQ esperan escuchar cómo se entrelazan el trombón y el bandoneón, el swing de Nueva Orleans y la cadencia porteña. Será un encuentro de dos mundos que, a pesar de la distancia geográfica, comparten un lenguaje común: el de la música que nace del alma. Como dice Marsalis, ‘va a ser desafiante, pero divertido’. Y esa combinación de desafío y diversión es, quizás, la esencia misma del jazz y del tango.
El legado de la familia Marsalis y la tradición del Tango Jazz Quartet se unen en un escenario que promete ser memorable. La cita es en La Carbonera, San Telmo, el sábado 9 y domingo 10 de octubre a las 20 y 22 horas. Las entradas están a la venta y se espera una concurrencia masiva. Para los amantes de la música, será una oportunidad única de presenciar un diálogo musical entre dos ciudades que, aunque separadas por miles de kilómetros, comparten una historia de mezcla, resistencia y creatividad. La música, una vez más, demuestra ser un puente que une continentes y generaciones.
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