En un contexto donde la inteligencia artificial avanza sobre distintos sectores de la economía y promete transformar procesos, agilizar decisiones y redefinir la relación con los clientes, la pregunta central ya no es si las empresas deben adoptar esta tecnología, sino cómo hacerlo de manera que genere valor real. Ese fue el eje de la participación de María Dolores González, Gerente de Data & IA en Aeropuertos Argentina, durante el ciclo Visión 360° de Clarín, un espacio dedicado a analizar las posibilidades de innovación, transformación y generación de nuevas oportunidades que ofrece la IA para las organizaciones.
Aeropuertos Argentina no partió de cero. La compañía ya contaba con una estrategia basada en datos, sustentada en dashboards de business intelligence, tableros de control y analítica avanzada para la toma de decisiones. La irrupción de la inteligencia artificial, según González, no reemplaza esa base, sino que la potencia: acelera la ejecución, incorpora información que antes quedaba fuera de los análisis y permite abordar problemas de negocio con una amplitud de contexto inédita.
**De los datos estructurados al contexto amplio**
Uno de los principales cambios que introduce la IA, explicó la ejecutiva, está relacionado con la velocidad. «La inteligencia artificial es una herramienta que nos está dando una velocidad que antes no existía. Velocidad para la toma de decisiones y para el accionar», señaló. Pero esa velocidad no se limita a procesar más rápido lo mismo: la diferencia sustancial radica en la capacidad de integrar datos que antes quedaban al margen de los circuitos analíticos tradicionales.
Hasta hace poco, los modelos de análisis se alimentaban casi exclusivamente de información estructurada: bases de datos relacionales, registros ordenados, series numéricas. La nueva generación de herramientas permite incorporar contextos mucho más amplios, como archivos dispersos, información tomada a mano, imágenes y otros formatos no estructurados. «Nos permite tomar información que está dispersa en archivos, información tomada a mano, imágenes, y utilizarla para resolver problemas de negocio», detalló González.
Para entender la magnitud de este cambio, puede resultar útil una analogía: durante años, las empresas operaron como una biblioteca que solo catalogaba libros perfectamente etiquetados y clasificados por materia. Todo lo demás —notas sueltas, fotografías, grabaciones, documentos escaneados— quedaba en cajas sin inventariar. La IA actúa como un bibliotecario capaz de leer, interpretar y relacionar también esas cajas, extrayendo valor de materiales que antes parecían inútiles para la toma de decisiones.
**Cuatro frentes de implementación**
Consultada sobre los desafíos que implica una tecnología que avanza de manera vertiginosa, González identificó distintas líneas de trabajo que Aeropuertos Argentina aborda de forma simultánea:
– **Integración con sistemas existentes:** la IA no opera en el vacío. Debe conectarse con los sistemas heredados, los procesos ya instalados y las plataformas que sostienen la operación diaria del negocio aeroportuario.
– **Calidad de los datos:** sin información confiable, consistente y bien gobernada, cualquier modelo de inteligencia artificial pierde precisión. La calidad de los datos es condición necesaria para que la tecnología genere valor.
– **Capacitación de los colaboradores:** la adopción no es solo tecnológica, sino cultural. Los equipos deben comprender las capacidades y los límites de la IA para utilizarla con criterio.
– **Evaluación de riesgos:** la implementación responsable exige identificar sesgos, controlar la privacidad y anticipar impactos no deseados.
En ese marco, la ejecutiva subrayó que el mayor desafío no es técnico sino estratégico: «El desafío es implementar la IA con propósito, que el negocio encuentre las reales oportunidades donde esta tecnología resuelve el problema. No quedarse con este hype de querer implementar IA porque sí».
**El riesgo del hype y la trampa de la adopción sin propósito**
La advertencia de González conecta con un fenómeno extendido en el mundo corporativo: la adopción de inteligencia artificial como fin en sí mismo, impulsada por la presión de moda tecnológica más que por necesidades concretas del negocio. Cuando una organización incorpora herramientas de IA sin identificar previamente qué problema busca resolver, el resultado suele ser una acumulación de pilotos que no escalan, costos crecientes y desconfianza interna.
¿Pero qué pasaría si intentamos hacer esto al revés? Es decir, en lugar de partir de la tecnología para buscar dónde aplicarla, partir del problema de negocio para determinar si la IA es la herramienta adecuada. Ese enfoque, que la ejecutiva describe como implementar «con propósito», invierte la lógica del hype y coloca a la estrategia en el centro.
En el caso de Aeropuertos Argentina, ese propósito se traduce en una estrategia que ya venía apoyándose fuertemente en los datos y que ahora encuentra nuevas herramientas para acelerar su evolución. La compañía opera en un sector donde la velocidad de respuesta tiene consecuencias directas: la gestión de flujos de pasajeros, la coordinación de operaciones, la asignación de recursos y la experiencia del usuario final dependen de decisiones que deben tomarse en tiempo real.
**La velocidad como ventaja operativa**
En una terminal aeroportuaria, cada minuto cuenta. Los retrasos se propagan en cadena, las decisiones sobre personal y recursos deben ajustarse a demandas cambiantes y la información relevante suele estar distribuida en múltiples fuentes. La capacidad de procesar más datos, en menos tiempo y con mayor contexto, se traduce en una ventaja operativa concreta.
González lo expresó con claridad: la IA «nos acelera, nos ayuda a tomar acciones más rápido, a utilizar más información y también información que hoy en día no se está utilizando». Esa frase encierra una distinción clave: no se trata solo de hacer lo mismo más rápido, sino de habilitar análisis que antes eran imposibles por limitaciones de formato o volumen.
La combinación de velocidad, amplitud de datos y contexto ampliado permite a la organización pasar de un modelo reactivo —donde los problemas se resuelven cuando ya se manifestaron— a un modelo más proactivo, donde los patrones se detectan antes de que se conviertan en incidentes.
**Implicancias para el sector y la economía**
La experiencia de Aeropuertos Argentina refleja una tendencia más amplia en la economía argentina y global: la inteligencia artificial está dejando de ser un experimento aislado para convertirse en una capa transversal de la operación. Las empresas que logran integrarla con propósito obtienen ventajas en eficiencia, capacidad de anticipación y personalización de servicios. Las que la adoptan por presión o moda, en cambio, acumulan inversiones sin retorno claro.
El sector aeroportuario, por su naturaleza estratégica, amplifica estas implicancias. Los aeropuertos son nodos críticos para el comercio, el turismo y la conectividad. Cualquier mejora en la eficiencia de sus operaciones impacta en la economía en su conjunto: menos demoras, mejor asignación de recursos, mayor previsibilidad para pasajeros y operadores logísticos.
Al mismo tiempo, la implementación responsable de IA en entornos con alta circulación de personas plantea desafíos en materia de privacidad, seguridad de la información y transparencia. La evaluación de riesgos que menciona González no es un formalismo: es una condición para que la tecnología sea sostenible en el tiempo y no genere externalidades negativas.
**Capacitación y cultura: el factor humano**
Uno de los puntos que la ejecutiva destacó es la capacitación de los colaboradores. En muchas organizaciones, la brecha no está en la tecnología disponible sino en la capacidad de las personas para usarla. La IA no reemplaza el criterio humano: lo complementa. Pero para que esa complementariedad funcione, los equipos deben entender qué puede y qué no puede hacer un modelo, cómo interpretar sus resultados y cuándo desconfiar de ellos.
Esta dimensión cultural es, con frecuencia, la más subestimada. La adopción tecnológica fracasa cuando se la trata como un proyecto exclusivamente técnico. En cambio, cuando se la aborda como un proceso de transformación organizacional —con formación, gobernanza y métricas claras— las probabilidades de éxito aumentan.
**Conclusión: el propósito como brújula**
La experiencia compartida por María Dolores González en el ciclo Visión 360° de Clarín deja una conclusión central: la inteligencia artificial no es una solución en sí misma, sino una herramienta que amplifica la estrategia existente. En Aeropuertos Argentina, esa estrategia ya estaba basada en datos; la IA la acelera, la amplía y la conecta con información que antes quedaba fuera del radar.
El desafío, según sus propias palabras, es implementarla con propósito: identificar las oportunidades reales donde la tecnología resuelve un problema de negocio, evitar la trampa del hype y sostener al mismo tiempo la calidad de los datos, la integración con los sistemas existentes, la capacitación de los equipos y la evaluación de riesgos.
En un entorno donde la velocidad de la innovación supera la capacidad de adaptación de muchas organizaciones, esa brújula —el propósito— se convierte en el factor diferencial entre una adopción que genera valor sostenible y una que solo suma ruido. La pregunta que queda abierta para cada empresa no es si adoptará inteligencia artificial, sino para qué, con qué datos y con qué personas.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
