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Terry Reid: el ‘Superpulmones’ que rechazó Led Zeppelin y Deep Purple, la peor suerte del rock

A todo pulmón.

Así podría definirse la carrera de Terry Reid. Un cantante británico que, en los años dorados del rock, tuvo en sus manos las oportunidades más codiciadas de la industria. Y las dejó pasar.

Su nombre suena en las enciclopedias musicales como el ‘hombre con la peor suerte en la historia del rock’. Pero también como ‘Superpulmones’. Un tipo con un registro vocal que dejaba sin aliento a los propios gigantes.

Aretha Franklin lo dijo sin titubear en 1968: ‘Solo pasan tres cosas en Inglaterra: los Rolling Stones, los Beatles y Terry Reid’. La reina del soul no exageraba. O tal vez sí. Lo cierto es que Reid, por entonces un veinteañero, ya compartía escenarios con Mick Jagger y Keith Richards.

Pero la historia lo recuerda por lo que pudo ser y no fue. Por las dos veces que dijo ‘no’ a bandas que cambiaron el curso de la música.

El primer rechazo. Led Zeppelin.

Corría 1968. Jimmy Page, recién salido de los Yardbirds, buscaba desesperadamente un cantante para su nuevo proyecto. El guitarrista había armado una maqueta con una banda llamada The New Yardbirds. Necesitaba una voz que pudiera sostener su sonido pesado, bluesero y expansivo.

El primer nombre en su lista fue Terry Reid.

Page lo convocó. Reid aceptó la reunión. Escuchó las canciones. Y dijo no.

El motivo: ya tenía una carrera solista en marcha. Un contrato discográfico. Un camino propio. Reid no quería ser el cantante de la banda de otro. Quería ser el dueño de su propia música.

Entonces Page le pidió un favor: que le recomendara a alguien. Reid pensó en un joven cantante de Birmingham que había visto en un pub. Se llamaba Robert Plant.

El resto es historia. Led Zeppelin vendió más de 300 millones de discos. Plant se convirtió en una leyenda. Reid, en el hombre que dijo no.

El segundo rechazo. Deep Purple.

Pero la mala suerte no fue una sola. Poco después, Ritchie Blackmore, guitarrista de Deep Purple, lo llamó. La banda buscaba reemplazar a Rod Evans, su cantante original. Blackmore había escuchado a Reid y quería su voz para el nuevo disco.

Reid volvió a decir no.

Otra vez el mismo argumento: su carrera solista. Deep Purple necesitaba una respuesta rápida. La negativa de Reid los llevó a buscar un plan B. Ese plan B se llamaba Ian Gillan.

Gillan grabó ‘Concerto for Group and Orchestra’, ‘In Rock’, ‘Fireball’, ‘Machine Head’. Deep Purple se convirtió en una de las bandas más grandes del hard rock. Reid, en el tipo que rechazó a dos gigantes.

Los orígenes. Un niño prodigio.

Terry Reid nació en Huntingdon, Inglaterra, en 1949. A los 15 años ya estaba de gira con los Rolling Stones. Mick Jagger y Keith Richards lo habían visto en un club y lo invitaron a telonearlos. El pibe cantaba blues con una madurez imposible para su edad.

Poco después, Eric Clapton lo espiaba con zozobra mientras Reid teloneaba a Cream. Clapton, que ya era un guitarrista consagrado, no podía creer la voz de ese adolescente.

Su autobiografía, ‘Superlungs’, es un catálogo de nombres propios. The Hollies, Ike & Tina Turner, The Jefferson Airplane, Jethro Tull, Fleetwood Mac. Reid compartió escenarios con todos. Su voz era un instrumento de poder.

‘Superpulmones’ le decían. Podía sostener un falsete que dejaba boquiabierto al mismísimo Freddie Mercury. Su influencia era tan grande que Aretha Franklin lo puso en la misma frase que a los Beatles.

El sonido de Terry Reid.

Su música no era fácil de etiquetar. Mezclaba rock, soul, folk, jazz y hasta folclore búlgaro. Reid escuchaba música clásica. Se inspiraba en Otis Redding y Marvin Gaye. Su estilo vocal era único. Una mezcla de potencia y sensibilidad que pocos podían igualar.

Su tema ‘Without Expression’ lo compuso a los 14 años, mientras cosechaba papas en la chacra familiar. La canción fue grabada por The Hollies bajo el título ‘A Man with No Expression’ y por Crosby, Stills, Nash & Young. Reid la había escrito antes de cumplir los 15. Un prodigio.

Como solista publicó seis álbumes. ‘Bang Bang You’re Terry Reid’ (1968), ‘Terry Reid’ (1969), ‘River’ (1973), ‘Seed of Memory’ (1976), ‘Rogue Waves’ (1979) y ‘The Driver’ (1991). Ninguno vendió lo que merecía. Ninguno lo sacó del circuito de culto.

La revista Rolling Stone lo llamó ‘un artista admirado por otros artistas’. Un título que suena a premio consuelo. Pero que refleja la realidad: los músicos lo respetaban. El público no lo conocía.

El arquetipo del ‘no’.

Reid se convirtió en el Bartleby del rock. Un arquetipo del ‘artista del no’. Como el personaje de Herman Melville que respondía ‘preferiría no hacerlo’ a cada pedido. Reid prefería no ser el cantante de otros. Prefería su carrera solista. Prefería su libertad creativa.

Esa libertad lo llevó a un lugar extraño. Tocaba la guitarra y cantaba como los dioses. Pero no era una estrella. No llenaba estadios. No vendía millones.

Sus decisiones artísticas fueron coherentes. Pero también fueron un error comercial. El rock de los ’70 premiaba la ambición. Led Zeppelin y Deep Purple lo entendieron. Reid no.

El legado de un olvidado.

Hoy, Terry Reid es una leyenda en el patio de su casa. Un nombre que aparece en los libros de historia del rock como una nota al pie. ‘El hombre que pudo haber sido Robert Plant’. ‘El que rechazó a Deep Purple’.

Su voz quedó registrada en discos que pocos escucharon. Su influencia se disolvió en el tiempo. Pero los que lo vieron en vivo no lo olvidan. Los que lo escucharon, tampoco.

Aretha Franklin lo sabía. Mick Jagger lo sabía. Eric Clapton lo sabía. Terry Reid tenía una voz prodigiosa. Pero también tenía la peor suerte del rock. O tal vez, la mejor. Porque eligió su camino. Y eso, en una industria que devora talentos, es una forma de victoria.

Un final sin aplausos.

Terry Reid no fue una estrella. Fue un músico. Un artista que dijo no a dos de las bandas más grandes de la historia. Un tipo que pudo haber sido millonario y prefirió ser libre.

Su historia es la de muchos. La de los que no llegan. La de los que se quedan en el camino. Pero también es la de los que se niegan a traicionar su visión.

Hoy, a más de 50 años de aquellos rechazos, su nombre sigue sonando. No en las radios. No en los estadios. Sino en las conversaciones de los fanáticos. En los foros. En los libros.

Terry Reid, el ‘Superpulmones’, el hombre con la peor suerte del rock, sigue siendo una leyenda. Una leyenda que eligió su propio camino. Y que, con sus ‘no’, cambió la historia de la música para siempre.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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