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China rechaza acusaciones de EE.UU. sobre robo de tecnología de IA: tensiones geopolíticas y carrera por la supremacía algorítmica

En un contexto de creciente rivalidad tecnológica entre las dos mayores economías del mundo, el Ministerio de Comercio de China emitió un comunicado oficial rechazando las acusaciones formuladas por la Agencia de Ciberseguridad de EE.UU. (CISA por sus siglas en inglés). El organismo estadounidense había señalado que laboratorios chinos de inteligencia artificial (IA) estarían realizando una extracción sistemática de funcionalidades y capacidades exclusivas de los modelos desarrollados por empresas como OpenAI, Anthropic, Google y xAI. Las declaraciones de Pekín se producen a pocas semanas de una cumbre bilateral entre el presidente Donald Trump y su homólogo Xi Jinping, en la que la IA se perfila como uno de los temas centrales de la agenda.

La disputa se centra en la práctica conocida como ‘destilación’, un proceso técnico utilizado en la industria para entrenar un modelo de IA más pequeño o especializado imitando el comportamiento y las respuestas de un modelo más grande. Este método, ampliamente documentado en la literatura académica, es empleado por multitud de empresas y centros de investigación para optimizar costes y eficiencia computacional. Sin embargo, según el aviso emitido por CISA el martes, las empresas chinas habrían llevado a cabo esta técnica ‘a gran escala’ con fines ilícitos, utilizando millones de intercambios y solicitudes para extraer el conocimiento y las capacidades de los sistemas estadounidenses.

El informe de la agencia estadounidense menciona explícitamente a compañías como DeepSeek, Moonshot AI, Alibaba, MiniMax, StepFun y Z.AI. De acuerdo con el documento, estas entidades habrían utilizado ‘millones de consultas’ para replicar características únicas de los modelos estadounidenses, incluyendo aspectos relacionados con el razonamiento, la generación de texto, la comprensión contextual y la capacidad de seguir instrucciones complejas. No obstante, la agencia no ha proporcionado, hasta el momento, evidencias públicas que respalden estas acusaciones, lo que ha generado un intenso debate dentro de la comunidad tecnológica mundial.

Por su parte, el Ministerio de Comercio chino calificó las acusaciones de ‘infundadas’ y las describió como ‘un claro ejemplo de doble rasero’. En el comunicado, las autoridades chinas señalaron que estas prácticas estadounidenses responden a una estrategia que, bajo el pretexto de combatir la destilación, busca instaurar un monopolio industrial en el sector de la IA. A juicio de Pekín, las medidas promovidas por Washington no se basan en evidencias técnicas sólidas, sino en la intención de mantener una posición dominante en el mercado internacional de sistemas de inteligencia artificial.

Este episodio se enmarca en una serie de acusaciones mutuas entre ambos países respecto al uso indebido de tecnologías y propiedad intelectual. Hace apenas unos meses, Pekín denunció que empresas estadounidenses de IA utilizaban ejemplos y datos generados en China para entrenar sus modelos, una práctica considerada legítima en el ámbito académico y comercial, pero que refleja la sensibilidad existente en torno al acceso a los datos y al conocimiento.

La destilación, técnicamente, consiste en el entrenamiento de un modelo ‘maestro’ y un modelo ‘estudiante’. El primero, de mayor tamaño y complejidad, genera etiquetas y respuestas que sirven como guía para el segundo. Este proceso permite que el modelo más pequeño logre niveles de rendimiento comparables con menos recursos computacionales. En la práctica, los modelos comerciales más potentes, como GPT-4 de OpenAI o Claude de Anthropic, suelen tener cientos de miles de millones de parámetros, lo que requiere una infraestructura costosa y acceso a enormes volúmenes de datos. La destilación se convierte así en una herramienta valiosa para democratizar el acceso a la IA avanzada.

Las implicaciones de estas acusaciones trascienden el ámbito técnico y afectan directamente a las relaciones comerciales bilaterales. La administración estadounidense, bajo presión para responder al creciente éxito de los modelos de IA chinos, especialmente aquellos que son más económicos y accesibles que las versiones de OpenAI o Anthropic, ha endurecido sus políticas de control de exportaciones y ha impuesto sanciones a varias empresas tecnológicas chinas. La reunión entre Trump y Xi, prevista para finales de este mes en la Casa Blanca, podría ser el escenario donde ambas partes aborden este conflicto, aunque las posiciones parecen irreconciliables en el corto plazo.

Según analistas del sector, la decisión de CISA de emitir un aviso público no es casual. Se produce semanas antes del encuentro bilateral y podría tener como objetivo presionar a Pekín para que modifique sus políticas relativas al uso de tecnologías estadounidenses. Al mismo tiempo, la respuesta de China refleja su insistencia en que las acusaciones persiguen proteger intereses corporativos y fomentar un monopolio tecnológico. En los últimos años, China ha invertido miles de millones de dólares en su ecosistema de IA, con el respaldo del gobierno central y la participación de gigantes como Alibaba y Tencent, así como de startups especializadas como DeepSeek y Moonshot AI.

El contexto regulatorio internacional sobre la IA sigue siendo fragmentado y poco definido. Mientras Estados Unidos impulsa foros multilaterales como el G7, la Unión Europea avanza en la implementación de su AI Act, y China ha lanzado sus propias normativas de ciberseguridad y ética para la IA. Este marco normativo dispar ha permitido que las acusaciones mutuas se resuelvan en el plano político más que en el técnico, lo que incrementa la incertidumbre para las empresas que operan en el mercado global.

La batalla por el dominio en la inteligencia artificial se ha convertido en el principal teatro de la competencia geopolítica del siglo XXI. A diferencia de conflictos anteriores centrados en componentes como los semiconductores, la IA involucra no solo el desarrollo de algoritmos, sino también el acceso a enormes volúmenes de datos, infraestructuras de cómputo masivo y talento especializado. Los modelos de IA se consideran ahora activos estratégicos capaces de influir en la economía, la seguridad nacional y la autonomía tecnológica de un país.

Las acusaciones de Washington y la respuesta de Pekín demuestran que la disputa por la supremacía en IA no se resolverá exclusivamente en los laboratorios sino también en las mesas diplomáticas. La destilación se ha convertido en una técnica controvertida, pero su uso generalizado en la industria sugiere que las distinciones entre copia legítima y robo ilícito no siempre son evidentes. En este escenario, la necesidad de establecer acuerdos internacionales sobre propiedad intelectual y transferencia de tecnología en IA se hace cada vez más urgente.

De momento, las empresas chinas citadas no han ofrecido declaraciones públicas. AFP intentó contactar con varias de ellas, consiguiendo únicamente la negativa de Moonshot AI a comentar y la imposibilidad de localizar a StepFun. La falta de transparencia añade un elemento de incertidumbre sobre la veracidad de las acusaciones, aunque ambas partes parecen empeñadas en avanzar en su narrativa electoral interna.

En conclusión, la denuncia estadounidense y el rechazo chino están lejos de resolverse. Mientras que Estados Unidos intenta proteger su liderazgo tecnológico, China busca asegurar su posición competitiva en el panorama global de la IA. No obstante, el comportamiento de ambas potencias evidencia una realidad: la cooperación internacional en el campo de la inteligencia artificial es indispensable para afrontar los desafíos éticos, legales y sociales que plantea esta tecnología. Las acusaciones mutuas no hacen más que entorpecer el camino hacia un desarrollo seguro y equitativo de la inteligencia artificial a nivel mundial.

Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.

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