Santiago Loza construye su obra como un sistema de vasos comunicantes donde cada proyecto dialoga con el anterior y siembra el siguiente. En 2026, ese entramado alcanza una de sus articulaciones más explícitas con la conjunción entre «Los días chinos», documental estrenado en marzo en el cine MALBA con producción de Varsovia Films y Alina Films, y «Diario chino», libro publicado en mayo por la editorial Bosque Energético. Ambas piezas surgen de una experiencia común: una residencia de escritura de dos meses en Shanghái, adonde Loza llegó tras años de postergar un viaje largamente deseado.
\n\nLa premisa que estructura ambas obras es engañosamente simple en su enunciación. Un cineasta argentino logra finalmente concretar el viaje a China que venía aplazando desde hacía tiempo. Lleva como equipaje principal una cámara prestada y el encargo, amoroso y desafiante, de un amigo que le exige no regresar sin una película. A partir de esa consigna, Loza compone un registro que evita deliberadamente los grandes hitos turísticos y los paisajes monumentales para enfocarse en los márgenes de lo cotidiano: el gesto de un extraño en la calle, la textura de una fachada, el murmullo de una rutina que no le pertenece pero que lo envuelve.
\n\nLa peculiaridad del registro radica en su método. Durante la residencia, Loza se impuso la disciplina de realizar una única toma por día, un «plancito personal» que él mismo describe como «también de alguna forma un diario». Esa decisión estética, aparentemente menor, define la arquitectura completa de «Los días chinos», un film de 63 minutos que tuvo su estreno mundial en la 25ª edición del Doc Buenos Aires, en agosto de 2025, en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, antes de su exhibición comercial en el MALBA durante los viernes de marzo de 2026. La película, editada por Lorena Moriconi, con sonido de Francisco Pedemonte y música de Fernando Kabusacki, se define como un travelogue —un registro de viaje— pero con una inflexión radicalmente interior: no busca documentar el país sino la experiencia de un sujeto que se observa observando.
\n\nEl proyecto, sin embargo, no nace en el momento del viaje. Su origen se remonta a «Pequeña novela de Oriente», publicada por Entropía en 2024. Ese volumen reúne tres crónicas en tres tiempos: la participación en un festival de cine en Corea del Sur, unas vacaciones en Japón y el relato del origen del proyecto de conocer China, que se gesta durante una residencia de escritura en Estados Unidos, específicamente en el International Writing Program de la Universidad de Iowa. La narración, escrita en segunda persona, establece un desdoblamiento deliberado entre el narrador y el personaje, un mecanismo que le permite a Loza someterse a examen desde una distancia incómoda pero productiva. Ese mismo desdoblamiento —el escritor que se convierte en personaje de su propio recorrido— es la matriz conceptual que atraviesa las tres obras.
\n\nLa trama de «Diario chino» podría leerse en principio como un off-cámara que detalla el backstage del documental, pero excede ampliamente esa premisa. El libro compila apuntes, reflexiones, poemas y fragmentos que se escribieron en paralelo al rodaje, conformando un relato que no es subsidiario sino autónomo. Loza ha señalado que «aunque uno es un libro y el otro es una película, funciona la continuidad en varios puntos». Esa continuidad no se limita al motivo geográfico compartido. En la película, el director dice con voz en off un texto que pertenece literalmente al libro, estableciendo un puente explícito entre ambos soportes y dejando una pista deliberada para quienes quieran rastrear el modo en que se tocan sus procesos creativos.
\n\nLa trayectoria de Loza explica la densidad de este cruce entre disciplinas. Nacido en Córdoba en 1971, se formó en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) y en la Escuela Municipal de Arte Dramático, consolidando desde sus orígenes un perfil bifronte. Desde 2001 dirige cortos y largometrajes que han circulado por festivales de Cannes, Berlín, Rotterdam y el Bafici, con una constancia de reconocimientos en cada una de esas instancias. Su obra fílmica incluye títulos como «Extraño» (2001), «Cuatro mujeres descalzas» (2003), «Ártico» (2008), «Rosa Patria» (2009), «Los labios» (2013), codirigida con Iván Fund, «La paz» (2013), «El asombro» (2014), «Si estoy perdido no es grave» (2014), «Malambo, el hombre bueno» (2017) y «Breve historia del Planeta Verde» (2019), ganadora del Premio Nacional de Cultura 2021 por su guion.
\n\nEn paralelo, su carrera teatral lo consolidó como uno de los dramaturgos más estables del circuito argentino. Obras como «La mujer puerca», que lleva casi quince años en escena, y «Nada del amor me produce envidia», próxima a cumplir dos décadas en cartel, se convirtieron en piezas de culto del teatro independiente y comercial, con representaciones también en Chile, Estados Unidos, España, Francia, Brasil y Uruguay. Su lista dramatúrgica incluye además «Amarás la noche», «La vida terrenal», «El mal de la montaña», «Tu parte maldita», «Almas Ardientes», «Esplendor» y la reciente «Viento blanco», estrenada en 2024 con dirección de Valeria Lois. En televisión, su serie «Doce casas. Historia de mujeres devotas» obtuvo el Martín Fierro al mejor unitario de 2014.
\n\nLa literatura, aunque menos visible, siempre ocupó un lugar central en su producción. En 2017 publicó su primera novela, «El hombre que duerme a mi lado», editada por Tusquets, y en 2024 Vinilo publicó «Archivo madre», un libro ilustrado por Julia Barata que hilvana memoria, duelo y humor. Fue parte del International Writing Program de la Universidad de Iowa y de la residencia del Shanghai Writers Association, experiencia que dio origen a la tríada oriental. Sobre esa práctica, Loza declaró: «La escritura tiene una cualidad de plan secreto».
\n\nLas implicancias de esta operación creativa exceden el valor de las obras individuales. Loza articula un sistema en el que el viaje físico se convierte en viaje interior, donde el desplazamiento geográfico funciona como excusa para el examen de las propias coordenadas. En «Breve historia del Planeta Verde» ya había explorado la idea del viaje como metáfora del autoconocimiento, con Tania emprendiendo un recorrido que la lleva a descubrir territorios internos. La tríada oriental profundiza esa línea desde la primera persona y desde la no ficción, aproximándose a la crónica de viaje pero torciéndola hacia el territorio de lo confesional y lo poético.
\n\nLos críticos han señalado que «Los días chinos» pudo haber sido «otra crónica de viaje, otro diario íntimo, otro registro de un director occidental deslumbrado ante la imponencia de Shanghai», pero que la mirada particular de Loza logra dar «una vuelta de tuerca (o varias) a los límites de esos subgéneros del documental personal». Esa es precisamente la operación que define su proyecto: no documentar China como territorio ajeno sino como superficie de proyección de una subjetividad en movimiento. Shanghái, la ciudad que el propio realizador describe como la más occidental de las ciudades chinas y a la vez la más insondable, se convierte en el escenario perfecto para un relato que oscila entre la fascinación y la distancia.
\n\nEn definitiva, la dupla conformada por «Diario chino» y «Los días chinos» no requiere de su complemento para sostenerse de manera autónoma, pero el cruce entre ambos expone el andamiaje creativo que lo sostiene todo. Junto con «Pequeña novela de Oriente», estas tres obras constituyen un archivo fragmentado de una misma experiencia, donde cada soporte conserva su lógica interna mientras revela las costuras del proceso. El resultado es un caleidoscopio de voces —gemelas, hermanas, vecinas— que confirma una constante del trabajo de Loza: la exploración persistente de las zonas que uno siempre ronda, el extraño territorio donde el viaje deja de ser una traslación para convertirse en un espejo.
Este artículo fue generado o asistido por inteligencia artificial dentro de un proyecto experimental de automatización de contenidos.
