La crisis de endeudamiento en Argentina se profundiza y golpea con fuerza a los segmentos más jóvenes de la población. Según un relevamiento de la consultora EcoGo, en mayo de 2026 había 1.382.000 deudores menores de 24 años en el sistema financiero formal. De ese total, 528.000 personas se encontraban en situación de mora, lo que representa un 38,2% del subgrupo. Estos morosos concentran un saldo irregular acumulado de $536.000 millones, equivalente a un atraso promedio por individuo de $1.015.000.
El dato se desprende del análisis de los deudores registrados en el Banco Central con saldos impagos superiores a 90 días (categoría situación 3). Incluye créditos personales, hipotecarios, prendarios, tanto en pesos como en dólares, otorgados por bancos, financieras, plataformas digitales y fideicomisos. La mora en este rango etario duplica ampliamente el promedio general de la población, que alcanzó un récord histórico del 15,9% en el mismo mes.
El informe de EcoGo, dirigido por Marina Dal Poggetto, destaca que el fenómeno se ha acelerado en los últimos dos años, impulsado por el atraso en el pago de tarjetas de crédito y préstamos personales. Sebastián Menescaldi, socio adjunto de la consultora, explicó que «la cantidad de deudores con mora en los jóvenes es muy alta; es un sector para el que es más fácil acceder a crédito no bancario y con menos requisitos». La informalidad laboral y los salarios bajos predominan en este universo, lo que incrementa el riesgo de impago.
El problema se extiende a otras franjas etarias. Los morosos de entre 25 y 38 años presentan un 33,8% de incidencia de mora, con atrasos promedio de $2.100.000. En el grupo de 25 a 44 años, la mora alcanza al 28,3% de los deudores, con saldos impagos de $3.300.000. Para las personas de 45 a 54 años, la proporción es del 22,8% y el monto promedio asciende a $3.700.000. En el segmento de 55 a 64 años, la mora es del 18,4% con $3.400.000 de atraso promedio, mientras que en el de 65 a 74 años baja al 15,6% y $2.400.000.
En casi todos los casos, el monto promedio de los atrasos supera el salario promedio de bolsillo de los asalariados registrados del sector privado, que en abril de 2026 fue de $1.737.893. El sociólogo Luis Campos señaló que «la mediana de bolsillo apenas llegó a $1.314.429; el 50% de los trabajadores cobran menos que ese monto». Esto implica que la capacidad de pago de una porción significativa de la población está por debajo del nivel de endeudamiento habitual.
A nivel regional, la provincia de Buenos Aires concentra la mayor proporción de morosos sobre el total de deudores, con un 37,8%. Le siguen San Juan (35,2%), Catamarca (34,2%), San Luis (34,1%) y La Rioja (34,0%). En el extremo opuesto, las jurisdicciones con menor morosidad son la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (16,1%), La Pampa (19,5%) y Neuquén (23,3%). Las diferencias reflejan disparidades en la estructura productiva, el nivel de ingresos y el acceso al crédito formal.
El Gobierno nacional ha vinculado el aumento de la morosidad con problemas de «aprendizaje» y educación financiera de la población. Voceros oficiales buscan deslindar la situación de las medidas de política económica que derivaron en un fuerte ajuste monetario durante 2025, cuando se aplicó una suba de tasas de interés para contener la corrida cambiaria. El vocero presidencial Adrián Ravier afirmó que «la gente se expone a riesgos de impago simplemente por falta de información financiera».
El contexto político agrega una capa adicional de complejidad. Los jóvenes de hasta 24 años, hoy altamente morosos, fueron un segmento electoral clave que apoyó a Javier Milei en las elecciones de 2023. La crisis de endeudamiento podría traducirse en un descontento social con consecuencias políticas en futuros comicios. Sin embargo, por el momento no existen registros de medidas concretas del Ejecutivo para aliviar la carga financiera de este sector.
La situación es crítica. Más de 5 millones de personas en Argentina están en mora según los registros del Banco Central. El 40% de los jóvenes deudores ya no puede pagar sus compromisos financieros. La combinación de alto desempleo juvenil, informalidad laboral, salarios reales deprimidos y tasas de interés elevadas configura un escenario de riesgo sistémico que las autoridades todavía no han abordado de manera estructural.
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